Por Juan Pablo Mogrovejo Ojeda
La ciudad de Loja atraviesa una crisis que no solo es política, sino estructural y ambiental. La reciente remoción del alcalde evidencia lo que ya era insostenible: una administración incapaz de responder a los desafíos de una ciudad que sufre por la falta de agua potable, la mala gestión de residuos sólidos, el colapso institucional y una infraestructura urbana deteriorada. A esto se suman los impactos del cambio climático, cuyas consecuencias ya no son futuras, sino palpablemente presentes: lluvias torrenciales, deslizamientos y una creciente vulnerabilidad.
En medio de este escenario adverso, asume la alcaldía Diana Guayanay, primera mujer ambientalista en ocupar ese cargo. Su perfil técnico y su compromiso con la sostenibilidad representan una oportunidad para repensar el modelo de gestión urbana, con visión a largo plazo y con la responsabilidad que exige una ciudad resiliente.
Pero los resultados no serán inmediatos. Gobernar una ciudad en emergencia requiere decisiones firmes, sí, pero también tiempo. La ciudadanía debe comprender que los problemas actuales no se resolverán en semanas ni con parches, sino con planificación, inversión estratégica y una administración con enfoque ambiental integral.
Es indispensable implementar políticas públicas basadas en criterios de sostenibilidad y adaptación al cambio climático. Esto implica comenzar desde lo esencial: la protección y recuperación de nuestras cuencas hidrográficas, fuente vital para garantizar el abastecimiento de agua en tiempos de sequía. También es urgente mantener y modernizar las redes de agua potable, captaciones y alcantarillado, cuyas fallas nos exponen a riesgos sanitarios y pérdidas económicas. La gestión de residuos debe dejar de ser reactiva y convertirse en una política preventiva, eficiente y ciudadana. A su vez, la planificación del suelo urbano debe contemplar mapas de riesgo climático, infraestructura verde y una visión ecológica del desarrollo.
Un pilar fundamental para superar esta crisis está en las universidades locales. La Universidad Nacional de Loja, la Universidad Técnica Particular de Loja y la Universidad Internacional del Ecuador desempeñan un rol clave como generadoras de conocimiento y propuestas técnicas. Desde sus aulas y centros de investigación se desarrollan estudios que deben ser considerados por las autoridades para una toma de decisiones informada y responsable. Además, mediante proyectos de vinculación con la sociedad, estas instituciones fortalecen el tejido comunitario y promueven soluciones participativas. En conjunto, su trabajo se articula en iniciativas como el proyecto Loja Ciudad Universitaria, que promueve una visión urbana más inclusiva, sostenible e innovadora.
Loja no puede continuar siendo una ciudad que solo reacciona cuando el agua escasea, hay inundaciones o cuando los escombros inundan sus calles. Debe convertirse en un referente de planificación ambiental, innovación técnica y participación social. La nueva administración tiene en sus manos una tarea titánica, pero no imposible. Requiere el compromiso institucional, el respaldo técnico, y sobre todo, la comprensión y paciencia de sus habitantes. Las soluciones duraderas no se construyen con improvisación ni confrontación, sino con diálogo, visión y coherencia.
Loja puede y debe reinventarse como una ciudad sostenible, justa y preparada para los desafíos climáticos del presente. Pero solo lo logrará si caminamos todos juntos.
