Fernando Cortés Vivanco
Sería un error pensar que la solución a nuestros males radica en la simple remoción de autoridades. La cuestión de fondo que debemos enfrentar ahora no es quién ocupa el poder, sino para qué y con qué visión lo ejerce.
En nuestra ciudad, históricamente marcada por fuertes personalismos y dinámicas populistas, es frecuente buscar sólo culpables individuales y no cuestionar las causas estructurales de nuestras crisis. Como lo expone Hannah Arendt, una comunidad política no es la suma de individuos aislados, sino un espacio público construido sobre la pluralidad humana, en el que personas diferentes conviven, dialogan y se reconocen unas a otras para tomar decisiones colectivas. Loja necesita recuperar ese espacio cívico, necesitamos escucharnos, entendernos y organizarnos.
La política no debe reducirse a la lógica simplista de sustituir figuras, porque eso refuerza la idea equivocada de que un solo individuo puede resolver nuestros problemas. Es fundamental entender, como plantea Arendt, que la verdadera política se realiza «entre» las personas y no mediante un liderazgo único que impone sus decisiones desde arriba. Necesitamos superar las dinámicas personalistas que tanto daño han hecho a nuestra democracia, y centrarnos en los procesos, más que en las personas.
Una verdadera transformación requiere apostar por una visión colectiva, en la que todos los sectores sociales participen activamente. Esa visión colectiva implica construir instituciones sólidas y transparentes, capaces de resistir tanto la corrupción como las tentaciones autoritarias. Significa además luchar por la descentralización como herramienta para enfrentar la desigualdad y el centralismo que asfixian a las provincias.
Loja debe preguntarse no sólo quién gobernará, sino cómo y para quienes. La gestión pública eficaz no es simplemente una buena administración financiera (que ni eso hay), sino la capacidad de articular acuerdos amplios, de generar políticas públicas que integren diversas voces, y de dar respuestas concretas a las necesidades ciudadanas.
En definitiva, Loja requiere líderes que entiendan que gobernar es construir colectivamente soluciones duraderas, no sólo apagar incendios temporales. Que entiendan lo que decían los Mayas: Hay que mandar obedeciendo, en otras palabras, escuchar a quien voto y no por ti y construir un proyecto coherente con los grandes desafíos sociopolíticos, económicos y ecológicos de la ciudad.
Este es un momento crítico para nuestra ciudad, en el que debemos pasar de la indignación y la queja, a la responsabilidad y al compromiso cívico. El verdadero desafío tras remover a un alcalde es reflexionar profundamente sobre qué esperamos como sociedad, qué tipo de democracia queremos construir y cómo podemos garantizar que nuestros líderes rindan cuentas y actúen en función del bien común.
Si Loja logra dar este paso, no sólo superará esta crisis puntual, sino que avanzará decididamente hacia una democracia más sólida, inclusiva y verdaderamente representativa. La respuesta a nuestros problemas no está en cambiar nombres, sino en cambiar la forma en que entendemos, ejercemos y participamos en política.
Ahora, más que nunca, necesitamos comprender que la política no es unespectáculo, sino el espacio colectivo donde construimos, día a día, nuestro destino.
