Campos Ortega Romero
Reflexionamos que conocer nuestras raíces es fundamental para construir una identidad sólida y comprender nuestro lugar en el mundo. Nos permite concebir nuestro pasado, valorar nuestra cultura y tradiciones, y conectar con nuestra historia familiar, lo que a su vez fortalece nuestro sentido de pertenencia y nos ayuda a construir un futuro más significativo. Al conocer nuestras raíces, entendemos mejor quiénes somos y de dónde venimos, lo que contribuye a la construcción de una identidad personal más fuerte y auténtica. Acciones que nos enseñan sobre los desafíos y logros de nuestros antepasados, lo que puede servir como lecciones valiosas para el presente y el futuro.
Desde tiempos ancestrales, mucho antes de que los europeos pisaran el suelo americano e impusieran sus propias creencias, los pueblos andinos de América del Sur han celebrado su vinculación con la naturaleza. Encarnada en la Pachamama, la diosa Inca de la fertilidad, la Madre Tierra ha constituido un elemento esencial de la cultura y las tradiciones de las comunidades indígenas. De ahí que cada 1 de agosto de celebre el Día de la Pachamama para dar las gracias a la eterna proveedora de la humanidad por su generosidad y abundancia, señala Aitiana Palomar, periodista especializada en cultura.
El rito principal consiste en cavar un hoyo en la tierra, que simboliza la boca de Pachamama, e introducir en este una olla de barro con comida, frutas, semillas, manís (cacahuetes), hojas de coca, plantas medicinales, bebidas fermentadas e incluso artesanías. Antes de cavar el hueco, los líderes de la comunidad, que suelen ser las personas más mayores de esta, piden permiso a sus ancestros y a las energías del lugar para abrir aquel espacio entre la tierra y ellos. Después, entierran las ofrendas y colocan sobre la tierra un montículo de piedras y flores que se convierte en el centro ceremonial.
Una vez realizado el ritual, la comunidad da las gracias a la Madre Tierra por el buen tiempo, los animales y las cosechas. También le piden que les proteja de cara al año siguiente y que les siga brindando con alimentos y abundancia.
La palabra Pachamama nace de la combinación quechua de las palabras “pacha”, que significa espacio, tiempo, universo o mundo, y “mama”, que quiere decir madre. Esta diosa de la fertilidad adorada en los pueblos de los andes proviene de la mitología Inca, en la que se la considera la Madre Tierra responsable de la siembra, la cosecha, la creación de las montañas y los terremotos, y la existencia de la vida en la tierra.
Los quechuas también consideran que Pachamama es el origen de los cuatro principios cosmológicos de su mitología: la tierra, el agua, la luna (encarnada por la diosa Mama Killa) y el sol (encarnado por el dios Inti). Así, se la suele representar como una mujer adulta rodeada de naturaleza.
El primero de agosto de cada año los pueblos andinos, como los de habla quechua y aymara de Perú, Argentina, Bolivia, Colombia, Chile y Ecuador, celebran la fiesta de la Pachamama. Este día la tierra empieza un nuevo ciclo después de terminar su reposo invernal. Este día la Pachamama recibe de sus hijos, los pobladores andinos, ofrendas, sahumerios y música. Es un día de júbilo para las familias junto a su madre. Los rituales tienen el principio de reciprocidad de la cosmovisión andina y son realizados generalmente por los abuelos quienes continúan con esta costumbre ancestral.
La celebración expresa el buen vivir donde todo se perdona, todo se comparte y todos agradecen a quien nos brinda los alimentos, quien ha creado las montañas los sismos, así como la existencia de la vida. La celebración en los diferentes países andinos difiere en los rituales de acuerdo a sus costumbres ancestrales pero el significado es el mismo para todos. La población andina sigue demostrando al mundo su fortaleza y convicción que, respetando, cuidando, agradeciendo a la tierra, ella nos dará buenos frutos.
Que sea el primero de agosto, para el resto de países, y sus gobernantes, un día de reflexión y que se proteja a aquellos pueblos andinos que vienen cuidando por miles de años el entorno donde viven junto a la biodiversidad que es como bancos de germoplasma vivos. Compartir en armonía es uno de los secretos del buen vivir con la madre tierra. Así sea.
