César Augusto Correa

Pindal de Jujal es un barrio que se halla al occidente del cantón Macará, ya cerca del río Catamayo, para llegar se tiene que salir de Macará por la carretera a Saucillo y al cabo de media hora de viaje, donde se halla un letrero grande con el nombre de dicho barrio, se tiene que virar a la derecha y comenzar un ascenso por carretera de tercer orden, por otros 20 minutos, hasta llegar al caserío.
Al realizar el ascenso, en la primera etapa se ve a lado y lado de la carretera bosque primario, con espesa vegetación, luego se divisa un paisaje distinto, con lomas cubiertas con cultivos de maíz.
En el camino, a poca distancia del caserío uno se sorprende con un árbol, un centenario higuerón, por medio del cual pasan la carretera y cruzan los vehículos. Lo que se percibe son 4 troncos que brotan de la tierra, muy separados entre sí, que a unos 8 metros de altura se tuercen todos en la misma dirección, para terminar uniéndose en un solo tronco. En realidad, no son 4 troncos sino raíces aéreas, que brotan del elevado tronco.

En el caserío observamos una calle adoquinada, de unos 300 metros de largo, bordeada por hileras de casas modestas, una cancha deportiva, un local escolar, una capilla, la red de energía eléctrica para el alumbrado público, animales domésticos movilizándose por las casas y la calle, varios vehículos pertenecientes a los moradores.
Uno de los moradores es el señor Ramiro Lozano, de 50 años de edad, que nació allí y ha permanecido toda su vida, quien nos proporcionó las informaciones que le solicitamos.
En el barrio viven unas 40 familias, de trabajadores autónomos, que viven de la producción agropecuaria proveniente de su propio trabajo, en su respectiva parcela de varias hectáreas de extensión, sin riego, por lo que su suerte depende de las características de cada invierno. Siembran en febrero maíz, arveja, garbanzo, zarandaja, maní, fréjol. Cultivan entre 2 y 7 hectáreas, según la extensión de terreno que cada familia dispone. Cosechan en octubre. Al maíz lo sacan a vender a Macará, donde hoy está a precio muy bajo, a USD 15,00 el quintal. Para obtener 150 quintales tienen que invertir unos USD 2.000, es decir, en estos momentos están vendiendo prácticamente sin ganancia alguna. Para financiar la siembra acuden a BanEcuador, que les da el crédito respectivo, pero «no les espera», en consecuencia, cuando están cerca del vencimiento tienen que vender al precio «que les den».
En invierno lamentablemente se pierde la gran cantidad de naranjas, mandarinas y limones que se producen en sus tierras, porque la carretera se convierte en intransitable y no pueden sacar la cosecha al mercado.

En el barrio hay una escuela unidocente. 7 jóvenes van diariamente a estudiar en el colegio de Macará. A lo largo de su vida Lozano ha visto que 6 jóvenes nativos de Pindal de Jujal han ido a la universidad y se han graduado, pero viven en otros lugares y solo llegan de visita.
Por el lugar han llegado técnicos del MAGAP que les han asesorado para mejorar la cría de cabras, pollos, chanchos. Uno de ellos se comprometió a ayudarles a hacer las instalaciones para envasar jugos de naranja, mandarina y limón, pero nunca volvió.
Los moradores de Pindal de Jujal ganarían mucho si se arregla la carretera, en la que se necesita instalar unas 20 alcantarillas para mantener la mesa transitable aún en invierno. Además requieren agua potable y alcantarillados, hoy disponen de agua entubada y pozos sépticos. De todas maneras, viven mucho mejor que cuando tenían patrón. (I)
