Por: Lcdo. Augusto Costa Zabaleta
La brisa cual céfiro, cargada de efluvios, con ósculos y auras besa el planeta con sutileza, en la luz mortecina matinal; día de luces, de fiesta y bonanza, arpegios celestiales y trompetas angelicales; las nubes, veloces viajeras, vivificantes velo de las lejanas dimensiones de la inmensurable eternidad y arcanos profundos, hoy se han cubierto con su traje de luces y gala, de amapolas, lirios y gardenias, de violetas y jazmines, para exhalar sus exóticos perfumes y brindar sus iridiscentes colores; los oasis terrenales silentes se inclinan rindiendo pleitesía y loor con elogios y alabanzas, y laudable veneración a la Reina de Reinas, a la Soberana Madre del Creador, a nuestra Sagrada Virgen del Cisne.
La Virgen del Cisne, Patrona Soberana de nuestra provincia y vigía portentosa de nuestro destino, que son augurios de felicidad, rodeada de sus feligreses, en la peregrinación más solemne de cuantas latitudes, retorna gloriosa a nuestra ciudad, con augurios de amor y fe, con sinfonías de música celestial y elevación de plegarias, tribulaciones y súplicas, coreadas por una muchedumbre inimaginable, fieles que de diferentes latitudes se dan cita con circunspecto ánimo y devoción, para ensalzar enternecidos la gloria del creador y de su amantísima madre soberana.
Los senderos tapizados con aterciopeladas alfombras del verde esperanza y adornados con ópalos de fuego, de irradiantes luces carmesí, dan paso a los presurosos peregrinos, que con mirada perspicaz, abyecto ánimo, laudables alabanzas y fe entrañable acompañan a la “Churonita”, viajera incansable de sandalias caminantes, de capa celestial y corona, milagrosa que arriba triunfante a nuestra ciudad, en donde con los espíritus en elevación, los corazones ardorosos, y las alabanzas se brindan con fervor y fe entrañable.
A partir de este prodigioso acontecimiento, Loja y su provincia se viste de gala, de regocijo y felicidad, porque prima una paz vivificante y enternecedora, con fervientes augurios de redención y fraterno amor; ¡Oh Reina Soberana!, imprime en nuestros corazones el bien, y otórganos la luz de tu sabiduría, para que nuestras conciencias obren con sensatez, caridad y humanismo, y vislumbra tu piedad en nuestras existencias, para cumplir fielmente con los designios del creador.
