LA CHURONA LLEGA A LOJA

Diego Lara León

En 1594, la parroquia El Cisne perteneciente al cantón Loja, era azotada por una gran sequía y plaga de roedores que destruyeron todos los sembríos existentes, consecuentemente se produjo una terrible hambruna que obligó a los habitantes de este lugar, todos indígenas, a emigrar en busca de mejores tierras. Mientras culminaban su preparación para iniciar el doloroso periplo hacia un mejor lugar, una doncella indígena, inocente y humilde, que pastoreaba las pocas y flacas ovejas que tenía su familia, fue sorprendida gratamente por una hermosa pastorcilla coronada de rosas y aspecto resplandeciente, que pidió les transmita a los indígenas el siguiente mensaje: “Confiad en mí, porque os voy a ayudar y a proteger para que nunca más volváis a tener hambre. Levantad en este lugar un templo que allí estaré siempre con vosotros”.

Los lugareños inmediatamente empezaron con la construcción del templo y las lluvias aparecieron, se reverdecieron los campos y la prosperidad los invadió.

Este acontecimiento, fue el inicio de una de las advocaciones marianas más importantes del mundo. Los mismos lojanos muchas veces no logramos dimensionar la magnitud del “fenómeno religioso, social y cultural que es la devoción a Nuestra Señora de El Cisne.

Simón Bolívar, quien había llegado a Loja a agradecer a este pueblo por su aporte significativo a la guerra de independencia, aporte que consistió en mulares, pertrechos y alimentación para los soldados; pudo darse cuenta en su estadía, de la enorme devoción que este pueblo tenía para su Reina, La Virgen de El Cisne. Esta devoción se extendía más allá de las fronteras provinciales y nacionales. Miles de azuayos, orenses y peruanos también sentían un enorme apego a la Sagrada Imagen.

Años después, el Presidente Bolívar, llega a Guayaquil, y recibe a varios vecinos de Loja, quienes a nombre del pueblo lojano, le piden que interceda sus buenos oficios para “sacar de la ruina” a este pueblo que sufría a causa de los estragos de la pasada guerra. Bolívar, conocedor de la realidad lojana, decreta inmediatamente, que la fiesta de Nuestra Señora del Cisne, que antes se realizaba en el Santuario del mismo nombre, pase a celebrarse en la ciudad de Loja y para ello la sagrada imagen deberá ser trasladada año tras año; y a más de la fiesta religiosa se realice una feria comercial.

Desde ese decreto en 1829, hasta la actualidad han pasado 196 romerías, que cada vez son más multitudinarias y llenas de fe.

Cuando “la churona” llega a Loja, el ánimo de lojanos cambia, renovamos nuestra fe, procuramos ser buenos anfitriones y nuestra economía se dinamiza.

No importa que creencia tenga Ud. Vivir una romería de Nuestra Señora de El Cisne es una experiencia que, les recomiendo hacer al menos una vez en la vida.

@dflara