No rendirse nunca: homenaje a la perseverancia

Campos Ortega Romero

Campolin2010@hotmail.com 

Cada 18 de agosto se celebra en el mundo, el día de no rendirse nunca, movimiento global que busca infundir esperanza y fortaleza en las personas que enfrentan desafíos, dolor y tristeza. Esta jornada no solo rinde homenaje a la resiliencia del espíritu humano, sino que también sirve como un recordatorio para mantenernos firmes en la persecución de nuestros sueños a pesar de los obstáculos. La esencia de esta celebración radica en la idea de que, sin importar las dificultades, siempre existe una razón para seguir adelante.

El Día de no rendirse nunca fue establecido en 2019 por Alain Horoit, quien, tras superar una experiencia personal transformadora, sintió la necesidad de crear un movimiento que inspirara a otros. La fecha del 18 de agosto fue elegida inicialmente por casualidad para un evento en la playa, pero luego adquirió un significado más profundo al coincidir con la publicación de uno de los primeros poemas conocidos intitulados «Never Give Up» en 1845.

Alain Horoit concibió este día como una plataforma para recordar a las personas que rendirse no es una opción y que siempre hay un motivo para continuar luchando. Su propia historia de superación personal se convirtió en la piedra angular de este movimiento, demostrando que, con determinación, siempre es posible un nuevo comienzo.

En nuestras aspiraciones y contexto, tenemos prisa por cambiar una realidad que no nos gusta. Una realidad que no es como la que deseamos. Prisa por olvidarnos de un pasado, transformado en rabioso presente que duele. Un presente que nos hace sufrir porque nos recuerda que nuestras expectativas se disolvieron como una cucharadilla de azúcar en una taza de café sin lograr nuestros deseos y anhelos. Y, donde lo único que vale, es volver a ponernos objetivos, que nos permitan generar nuevas expectativas que nos acerquen a esa realidad deseada. Una realidad que de forma tozuda se manifiesta una y otra vez tan distinta a la soñada. Por eso, tenemos prisa, por eso seguimos corriendo para alcanzar ese sueño, que por más que lo deseamos con toda nuestra intensidad se escapa una y otra vez. Quizás por eso nos seguimos aferrando al mantra «no rendirse».

Ante esta realidad reconocemos, que la lucha tiene un precio. Nuestro corazón no es inmune a la adversidad, a la frustración que supone, otra vez, quedarnos a las puertas de la gloria, ante la incertidumbre de no saber sí llegará esa Tierra Prometida, que todos anhelamos. Mientras la Vida marca su ritmo, sin tener en cuenta nuestros deseos y anhelos, lo cual provoca un sufrimiento continuo al sentirnos impotentes ante el contexto que se desarrolla ante nuestros ojos, hasta que descubrimos que no tenemos el control de nada de lo que nos rodea. Podemos querer ganar un partido, aprobar un examen, conseguir un trabajo, ser amado por la persona que nos gusta o mantener una salud de hierro…pero “querer no significa poder”, aunque algunos se empeñen en repetir siempre el famoso “si quieres, puedes”.

Usted se preguntará qué hacer ante esta realidad, pensamos que podemos apelar a nuestra confianza o seguridad interior para aumentar el control sobre las circunstancias en las que nos vemos inmersos. La confianza en uno mismo es esa seguridad interior, proveniente de una mezcla de competenciacredibilidad y coherencia, que nos permite afrontar cualquier desafío. También los retos, las adversidades o tener en mente a algunos referentes, puede ayudarnos a confiar más en nosotros. Pero, ni la confianza en uno mismo, ni el carácter forjado en las adversidades, ni la fortaleza mental que nos ayuda a gestionar nuestras emociones puede impedir que tengamos el control sobre cosas que están fuera de nuestro alcance. Entonces, ¿qué nos queda?, ¿qué podemos hacer para dejar de tener esa fijación en el control? Seguir adelante o rendirnos, en la rendición está implícita una de las grandes paradojas de la vida: «rendirse para lograr algo»., significa hacer exactamente lo que sea necesario en cada momento y después no hacer nada más. Así sea.

Alain Horoit concibió este día como una plataforma para recordar a las personas que rendirse no es una opción y que siempre hay un motivo para continuar luchando. Su propia historia de superación personal se convirtió en la piedra angular de este movimiento, demostrando que, con determinación, siempre es posible un nuevo comienzo.