Efraín Borrero Espinosa
Alberto Hidalgo Jarrín, quien hablaba de romper los cánones económicos tradicionales que se habían arraigado en Loja, que era poco empresarial y emprendedora, fue el promotor en nuestra provincia de la modernización del capital financiero para ponerlo al servicio de la producción. “Durante la década de los años cuarenta del siglo XX fue el primero en concebir la idea de crear un banco lojano, ya que hasta entonces solo había una sucursal del Banco Central. Trató de interesar a los capitalistas lojanos, pero no comprendieron el alcance de su propuesta”.
Luego se estableció una sucursal del Banco Nacional de Fomento, entidad estatal que surgió como resultado de la transformación del Banco Hipotecario del Ecuador creado el 28 de enero de 1928, durante la presidencia de nuestro paisano Isidro Ayora Cueva,
Años más tarde, en 1960, Ángel Minos Cueva Ontaneda ejerció la presidencia de la Cámara de Comercio de Loja y lanzó el proyecto de creación del “Banco Comercial de Loja”. Dice su hijo Leonardo Cueva Puertas, radicado en París, que el afán era encontrar nuevos caminos hacia un mejor y más amplio desenvolvimiento de las actividades comerciales de la provincia de Loja y sacarla de su estancamiento.
Detalla que su padre “escribió a los comerciantes de la provincia de Loja una carta pidiéndoles que suscriban acciones para la creación del “Banco Comercial de Loja”, y que, para alentar ese propósito, se destacó una comisión integrada por el propio Ángel Minos Cueva y los vocales Pompeyo Salazar y Ernesto Jiménez, para que visite la ciudad de Cariamanga.
En 1963 se creó la primera entidad financiera privada en Loja, a través de la sucursal del Banco del Azuay. Presumo que ese hecho apagó el fervor de posibles interesados en el “Banco Comercial de Loja”.
En el último cuarto de esa década una implacable sequía asoló los campos de la provincia complicando la situación económica de los lojanos; pero, además, la motivación para el desarrollo de actividades productivas estaba aletargada; apenas contábamos con dos o tres empresas medianas.
En medio de ese ambiente de incertidumbre y falta de emprendimiento, un grupo de lojanos encabezados por Vicente Burneo Burneo y Oswaldo Burneo Valdivieso, retomaron la idea de Alberto Hidalgo Jarrin y Ángel Minos Cueva Ontaneda de crean el Banco de Loja, que con amor propio constituya el medio para dinamizar las actividades productivas, a fin de posibilitar el crecimiento económico de la región sur.
Con el optimismo en alto se llevaron a cabo varias reuniones de trabajo para determinar con objetividad la posibilidad real de esa noble aspiración y el grado de confianza que se lograría entre posibles accionistas y en la colectividad.
Como consecuencia del análisis de factibilidad se llegó a establecer que el capital privado no alcanzaría por sí solo a cubrir el mínimo requerido en la ley para lograr la creación de un banco, y que, por lo mismo, era imprescindible contar con el aporte de instituciones públicas, algo que no era permitido legalmente.
Siendo esa la realidad, los asesores legales concluyeron que el único camino viable era que la Asamblea Nacional Constituyente del Ecuador, convocada por el Presidente Interino de la República, Clemente Yerovi Indaburu, dicte un Decreto Ley facultando a las entidades públicas o semipúblicas de la provincia, para que puedan asociarse con el capital privado y promover la constitución y operación de un Banco de Sociedad de Economía Mixta.
Pío Oswaldo Cueva Puertas, brillante y destacado legislador lojano, elegido Diputado Constituyente por Loja junto con Juan Agustín Quinde Burneo, Arsenio Vivanco Neira y Jorge Reyes Azanza, se hizo cargo del asunto por pedido del grupo promotor, asumiendo la responsabilidad de lograr la aprobación del mencionado Decreto. Evidentemente que en su ánimo estaba la huella de su padre Ángel Minos Cueva.
Conozco a cabalidad el camino que Pio Oswaldo Cueva tuvo que recorrer en la Asamblea Nacional Constituyente y en otras instancias hasta alcanzar el objetivo, partiendo de la elaboración del proyecto que fue de su autoría.
Afortunadamente, la Comisión de Legislación en la cual se tramitó el proyecto estaba presidida por el eminente jurisconsulto Andrés F. Córdova Nieto, cuyo espíritu de justicia y equidad fue signo en su vida pública. No menos importante fue la defensa del proyecto que hicieron los diputados: Gonzalo Cordero Crespo, Carlos Arízaga Vega, Julio César Trujillo, Lautaro Villacrés, René de la Torre Alcívar y Julio Corral Borrero, haciendo prevalecer su hondo sentimiento de solidaridad para con esta provincia aislada y desamparada por los gobiernos de turno. Obviamente que fue inestimable el apoyo que dieron los restantes diputados por Loja.
Pío Oswaldo Cueva tuvo que batallar contra los informes negativos del Banco Central y especialmente de la Junta Nacional de Planificación que se opuso tenazmente a la aprobación del proyecto, proponiendo con sarcasmo que, “si los lojanos tenían capitales para fundar un banco, y dado que a la iniciativa no la consideraban económica y financieramente válida, era preferible que esos capitales los empleen en adquirir acciones del Banco del Azuay”.
También enfrentó otras barreras que inexplicablemente se presentaban y que fueron superadas gracias al apoyo de lojanos como Rafael Armijos Valdivieso, quien ejercía las funciones de Contralor General del Estado.
El día ocho de junio de 1967 la Asamblea Nacional Constituyente del Ecuador aprobó unánimemente el ansiado Decreto, por el cual se facultaba a las entidades públicas o semipúblicas de las provincias de Loja y Zamora Chinchipe para que puedan asociarse con el capital privado para la constitución y operación de un Banco de Sociedad de Economía Mixta en Loja.
En los dos considerandos del Decreto se lee textualmente: “Que es notorio el estado de depresión en que se desenvuelven las provincias de Loja y Zamora Chinchipe debido a la falta de una adecuada integración al proceso económico nacional”; y, “Que es indispensable dotar a las provincias de Loja y Zamora Chinchipe de mayores recursos financieros y de adecuar servicios bancarios para el fomento de su producción y para facilitar la movilización de su riqueza, promoviendo así su desarrollo”.
La aprobación del Decreto causó inmenso alborozo en el grupo promotor y en otros sectores de la provincia. El propio Pío Oswaldo Cueva entregó copia certificada del documento a los interesados.
Con la publicación del Decreto en el Registro Oficial se dio inicio a otro proceso: el de concreción de las acciones para constituir la “Compañía de Economía Mixta Banco de Loja”. Definida la situación, los socios fundadores acudieron a la Notaría Segunda del Cantón el día veinte de octubre de 1967, a las diez de la mañana, con el propósito de suscribir la escritura pública de constitución. Ellos fueron: Luis Alfonso Crespo Chiriboga, Obispo de la Diócesis y Presidente Nato de la Junta Central de Obras Filantrópicas de Loja; Santiago Fernández García, en representación del Consejo Gubernativo de la Diócesis de Loja; José Miguel Mora Reyes, Procurador Síndico de la Fundación “Álvarez Burneo”; Víctor Alberto Arias Castillo, en su calidad de Director de la Honorable Junta Central de Asistencia Social de Loja y Zamora Chinchipe; Vicente Burneo Burneo, Gerente de Cafrilosa; Alejo Valdivieso Carrión y Alfredo Burneo Burneo, en sus calidades de Presidente y Gerente de la Compañía Cosurca, respectivamente; Francisco Hidalgo Gutiérrez, Gerente de la Compañía Malca; y, por sus propios derechos: Carlos Alberto Palacios Riofrío, Ángel Minos Cueva Ontaneda, Luis Vivanco Neira y Víctor Emilio Valdivieso Carrión.
El capital establecido fue de seis millones de sucres; es decir, con las justas, de los cuales el cincuenta por ciento debía estar pagado antes de las operaciones y los restantes tres millones de sucres en un año. Es preciso tomar en cuenta que si no se daba el aporte de la Fundación Álvarez la existencia del Banco habría sido un sueño frustrado.
La participación de esos ilustres ciudadanos, que con su firma y rúbrica tuvieron el privilegio de dar vida jurídica a un preciado anhelo de los lojanos, demuestra en forma evidente que el Banco de Loja se creó con gran esfuerzo para generar y promover el desarrollo productivo de la región sur del país y no para concentrar capitales.
Una vez que se registró la escritura pública de constitución, correspondió al Presidente de la República, Otto Arosemena Gómez, otorgar la anuencia presidencial para el funcionamiento del nuevo Banco, conforme la Ley General de Bancos de ese entonces, gestión que se encargó el mismo Pío Oswaldo Cueva prevalido de la amistad que tenía con el mandatario.
También gestionó ante el Superintendente de Bancos la aprobación para el establecimiento del Banco de Loja, lo que ocurrió el cinco de febrero de 1968 mediante la correspondiente resolución.
Cumplidos los requisitos legales se dio inicio a las tareas para poner en marcha a la flamante entidad financiera. Lo primero que ocurrió fue la designación del Gerente por parte de la Junta General, en la persona de Oswaldo Burneo Valdivieso quien frisaba treinta y cuatro años de edad y había laborado en el Banco de Fomento, además de conocer a los diferentes sectores sociales del cantón por haber ejercido funciones públicas y privadas que lo vincularon con la colectividad. Él se encargó del alistamiento, como la selección del personal, el alquiler de un local propicio, habiéndose decidido por la casa de Octavio Burbano ubicada en la calle José Antonio Eguiguren, entre Sucre y dieciocho de noviembre, y la implementación de las dependencias.
Hasta que llegó el día primero de julio de 1968 en que las puertas del Banco de Loja se abrieran para servir a los habitantes de la región sur. La respuesta fue masiva y las manos faltaban para recibir los depósitos en cuentas de ahorro y corriente.
Oswaldo Burneo Valdivieso, con su carisma, afabilidad y don de gente hizo del Banco de Loja una casa abierta para los habitantes de la región sur, a fin de atender sus necesidades y promover el desarrollo productivo en diversos órdenes: comercial, industrial, agrícola ganadero, turístico y del transporte, entre otras actividades.
La confianza que inspiraba propició el fácil acceso a esa entidad financiera y con ello su crecimiento vertiginoso. Indudablemente que a través de su edificante gestión propició el desarrollo y progreso de la provincia de Loja, y “nos demostró en lección de fe y optimismo que somos capaces de forjar nuestro propio destino”.
Años más tarde, en 1977, impulsó la construcción del edificio del Banco de Loja, situado en la esquina de las calles Rocafuerte y Bolívar, constituido en un símbolo del progreso y desarrollo de la región sur.
El origen del Banco de Loja difiere completamente de otros del sistema financiero nacional, ya que nació en las entrañas de la lojanidad para cumplir un propósito social, por eso es parte de nuestra identidad y lo consideramos tan nuestro. Con orgullo erigimos su prestigio merecidamente alcanzado con la mejor calificación, porque es una muestra de la capacidad de gestión que distingue a los lojanos.
