POR RUY FERNANDO HIDALGO MONTAÑO
En pueblos como el ecuatoriano, suelen surgir ídolos muy arraigados que despiertan el fervor popular hasta dimensiones insospechadas, es el caso del Barcelona un club deportivo que nació hace un siglo y que en la actualidad concentra la mayor hinchada de este país. Hay quienes sostienen que las duras condiciones de vida que debe encarar el habitante de las periferias de las grandes ciudades del Ecuador, se hacen más llevaderas cuando gana Barcelona, y que las penas se agudizan cuando el equipo pierde. Estoy convencido de que algo de verdad hay en estas aseveraciones, la gente busca de variada manera aferrarse a un poco de alegría que los aleje de la desesperanza reinante en estos tiempos de tanta convulsión y muerte.
Parece que Barcelona tiene tanta raigambre en su pueblo, que hasta refleja su realidad actual, el poeta guayaquileño Fernando Artieda en su poema Pueblo Fantasma Y Clave dedicado a Julio Jaramillo, grafica claramente este fenómeno de conexión popular, cuando relata que, ante la muerte del cantante más reconocido de este país, un borrachito con una botella de trago en su temblorosa mano decía “Ahora Solo Nos Queda Barcelona”
Justo en el año de su centenario el club anda de capa caída, eliminado por completo de torneos internacionales, perdiendo vergonzosamente con un equipo de segunda división en la copa Ecuador, en la cuerda floja en la liga pro, y otra vez como antes se convierte en el fiel reflejo de la realidad nacional, pues al igual que ocurre con el país, sus dirigentes no dan pie con bola, y no se avizora ningún indicio de cambio, los directivos del ídolo y la tabla de posiciones dicen que no hay de qué preocuparse que estamos segundos, mientras que el gobierno central pretende vendernos el discurso del nuevo Ecuador, la cúpula torera en vez de tratar de paliar la crisis que atraviesa el equipo, quiere construir un mall, nuestros gobernantes en lugar de dar solución a la gravísima inseguridad, a un sistema de salud a punto del colapso, a un sistema educativo que no ve la luz al final del túnel, quiere convocar a una nueva e inútil consulta popular y se da el lujo de movilizar gente a una marcha contra la Corte Constitucional, con recursos del estado.
La numerosa hinchada canaria grita en las gradas que se vayan todos, los ciudadanos frustrados por tanta desidia, no tardarán en manifestar su inconformidad en las calles. La triste conclusión de este comentario, es que, al menos en este año, ya no nos queda ni Barcelona
