Leonardo Chamba H.

La estación de gasolina JEFSA quedó convertida en escombros, conforme registra la gráfica.
Hace 33 años, mientras continuaba la realización de la Décima Feria de Integración Fronteriza Ecuatoriano Peruana, la ciudadanía lojana se alarmó ante la noticia del voraz incendio de la gasolinera ubicada en la esquina de las avenidas Mercadillo y Pío Jaramillo, de propiedad del Sr. Alonso Salazar. Como lo detalló el diario “Crónica de la Tarde”, hoy “Crónica”, el incendio se inició alrededor de las 13h00 del viernes 11 de septiembre de 1992, cuando un camión cisterna finalizaba su labor de descargue de diez mil galones de gasolina y, según testigos, los depósitos se colmaron y se derramó el combustible, siendo una chispa la que inició el flagelo. Informados del evento acudieron al lugar integrantes del Cuerpo de Bomberos de Loja, Ejército, Defensa Civil, Municipio y otras instituciones, que realizaron una intensa actividad para contrarrestar la acción de las llamas, la que resultó infructuosa por la falta de equipos y líquidos espumantes, temiéndose que el fuego se propague a locales circundantes, como ocurrió con el edificio de la Dirección de Educación, cuyas paredes y ventanales fueron afectados. Ventajosamente, a pesar de la magnitud del desastre, no se produjeron desgracias personales, salvo un empleado de la gasolinera que resultó herido, aunque no de gravedad. Este evento dejó al descubierto que, al finalizar el siglo XX, el Cuerpo de Bomberos de Loja no contaba con un adecuado parque de equipos modernos para el control de incendios.
Este suceso marcó para siempre la memoria urbana. Desde entonces, los nombres oficiales de las calles quedaron relegados al olvido popular, y hoy, para ubicarse por esa zona, basta con decir “por donde queda la bomba quemada”. La frase se convirtió en referencia geográfica, en punto de encuentro y hasta en anécdota viva, demostrando que hay sucesos que no solo dejan cenizas, sino también identidad.

