El baúl de los recuerdos: LA FUNDACIÓN ÁLVAREZ Y EL BANCO DE LOJA

Efraín Borrero Espinosa

En mi reciente crónica titulada “El Banco de Loja y su Memoria Histórica” afirmé que la constitución de la “Compañía de Economía Mixta Banco de Loja” fue posible gracias al aporte de la “Fundación Álvarez”.

Algunas personas han manifestado su interés por conocer cómo surgió esa Fundación y su relación con la Asociación Marista Ecuatoriana y con el Banco de Loja. La explicación es la siguiente.

Daniel Álvarez Burneo, fue hijo de Amalia Burneo Valdivieso, casada en primeras nupcias con su pariente cercano José Burneo Valdivieso, en cuyo matrimonio procrearon cuatro hijos: Rosa, Teresa, José Miguel y José Antonio. Los dos últimos fueron propulsores de la “Sociedad Sur Eléctrica” que puso en marcha el primer sistema de alumbrado público en la ciudad de Loja.

Cuando falleció José Burneo Valdivieso, que antes estuvo casado con Catalina Correa, una española muy adinerada, la viuda Amalia Burneo Valdivieso quedó con una enorme fortuna reflejada en varias haciendas y ganado.

En esas circunstancias contrajo segundas nupcias con Daniel Álvarez Sánchez, un comerciante que incursionó en el negocio de la cascarilla, así como en la comercialización de artículos suntuosos provenientes de Europa. También fue hacendado propietario de las haciendas Tuburo y La Elvira en Quilanga.

En ese matrimonio procrearon a su único hijo: Daniel Álvarez Burneo, quien se casó con Amalia Eguiguren Escudero, que también tuvo su propio patrimonio económico; por ejemplo, la hacienda Jipiro.  

Fallecidos sus padres, Daniel Álvarez Burneo multiplicó esa gran fortuna haciendo inversiones en el conjunto empresarial agropecuario que poseía. Asistía diariamente a las labores de campo en las fincas de la hoya de Loja y frecuentemente visitaba sus haciendas situadas en distintos cantones. Viajó a diversos países de América para conocer nuevas técnicas en el ámbito de la agricultura y la ganadería.

Con el ingente capital circulante que tenía adquirió algunos inmuebles en esta ciudad, y ante la falta de una entidad financiera realizó operaciones crediticias con el respaldo de joyas e hipotecas.

En resumen, Daniel Álvarez Burneo llegó a consolidar la fortuna más grande de Loja y una de las de mayor importancia en el país, calculada en dos millones de dólares, según se menciona en “La Historia Marista en Loja”, publicada en su portal web, aunque algunas fuentes confiables hablaban de ocho millones de dólares.

Sin embargo, el dinero no compra la felicidad. La muerte le arrebató lo que más amaba: primero su esposa y luego su hijo Daniel Alvarez Eguiguren, cuando apenas frisaba los veinte años, al lanzarse desde el puente Bolívar y estrellarse contra una piedra en el fondo de la laguna formada en el río Malacatos. Quedó solo y devastado cuando tenía cuarenta y seis años. Desde entonces su vida sucumbía en soledad y oprimida por el inmenso dolor que le causó la pérdida de su familia.

Con el tiempo su salud se deterioraba cada vez más y el interés por la inmensa fortuna que poseía también se iba desgastando. Contrató a su sobrino Arturo Espinosa Ruiz para que le administrara las haciendas en la provincia y solicitó a la Monja de la Caridad, Matilde Espinosa Ruiz, para que, junto con su ama de llaves, Ricarda Vivanco, le brinden las atenciones que su malograda salud requería.

Desde entonces no faltaron los comedidos que se aprovecharon de las circunstancias. El 28 de julio de 1936 dictó su testamento en el que puso a disposición de Loja esa cuantiosa fortuna, y el cuatro de agosto de 1936 falleció a los 56 años de edad tras una larga enfermedad.

El testamento fue otorgado ante el Notario Segundo del Cantón, Amador Mora, en presencia de los testigos: Segundo Montero, Salvador Riofrío, Daniel Arias Molina, Abelardo Sarmiento y Miguel Solórzano. Contiene quince cláusulas cuyo breve resumen se contrae a las siguientes disposiciones que expresan su voluntad. Condonar las deudas de algunas personas a las cuales había prestado dinero y donar las casas habitadas por personas para las cuales guardaba especial gratitud, como el caso de Arturo Espinosa Ruiz, mi abuelo materno. 

Hizo algunas asignaciones de dinero en beneficio de personas y familias, entre ellos los peones de sus haciendas, así como para el cumplimiento de obras sociales.

Dispuso que la casa situada en el parque central, en donde hoy funciona el Museo de la Cultura, más la suma de ciento cincuenta mil sucres, se destinen a la creación de un establecimiento industrial de señoritas donde se proporcione trabajo a mujeres pobres que lo busquen para vivir honrada y cristianamente, el mismo que llevará el nombre de su esposa Amalia Eguiguren.

Al Hospicio Daniel Álvarez Sánchez, que había creado en vida, le asignó recursos económicos a nombre de su madre para establecer el programa “La Gota de Leche”.

Dejó un inmueble y doscientos mil sucres para que funcione la Casa del Niño Huérfano, la misma que llevará el nombre de su hijo Daniel Álvarez Eguiguren.

Legó dinero a la Sociedad Obreros de Loja, a la Sociedad Unión Obrera, a las Madres Concepcionistas y para la construcción de las torres del templo de Santo Domingo.

La cláusula décimo quinta, que es de especial interés ciudadano, determina textualmente lo siguiente: “Dejo el remanente de mis bienes al Concejo Cantonal de Loja para que los invierta en la fundación de uno o más establecimientos de beneficencia en favor del pueblo pobre urbano y rural. La determinación de los establecimientos que han de fundarse lo hará dicho Concejo de acuerdo con la Junta Administrativa del Hospicio Daniel Álvarez Sánchez, y ellos mismos formarán los Estatutos y organizarán las Juntas Administrativas. El mismo Concejo llevará a cabo las fundaciones mencionadas, formando estatutos y organizando las Juntas como queda dicho. Recomiendo crear algún establecimiento o Institución que moralice y redima al campesino”.

Pío Jaramillo Alvarado anota en su Historia de Loja y su Provincia que las palabras “dejo el remanente de bienes al Concejo Cantonal de Loja” sirvieron para que ciertos jurisconsultos del Concejo aleguen que éste había quedado instituido como “heredero modal”, y sin más explicaciones se intentó disponer del dinero inmediatamente, en calidad de préstamo, hasta que concluya el juicio de liquidación que asignaría el monto de esta herencia.

Esta intervención, dice Jaramillo Alvarado, contrariaba los verdaderos intereses de Loja, por lo que produjo una reacción ciudadana encaminada a encontrar alguna solución drástica que dé término a todo intento de menoscabar los capitales y rentas recibidos, y para que se haga efectiva la finalidad concreta de la donación.

La verdad es que se tornó sumamente compleja la administración de la fortuna de Daniel Álvarez Burneo, más aún que la ambición de ciertos personajes era evidente. Por esa razón, con la participación de autoridades y algunas personalidades, Pío Jaramillo formuló un Proyecto de Ley que creaba la Junta Central de Obras Filantrópicas de Loja y la Junta Administrativa de la “Fundación Álvarez”, que se hizo cargo de la total administración de los diversos institutos con sus respectivos patrimonios. La Ley en referencia fue aprobada y está signada con el número seiscientos ochenta de fecha treinta de agosto de 1944.

Así nació la Fundación Álvarez que a lo largo del tiempo no ha escapado a comentarios y cuestionamientos de toda índole sobre el manejo del legado de Daniel Álvarez Burneo. En la antes referida Historia Marista en Loja se dice: “La Junta Administrativa no se ocupó de cumplir la voluntad del testador y sí de aprovechar el capital en beneficio propio. Gran parte de dicho legado desapareció”.

Así mismo, en el Informe que la Junta Administrativa de la “Fundación Álvarez” presentó a la ciudadanía, en abril de 1956, se dejó constancia de lo siguiente: “Jamás vamos a tratar de censurar actos de las administraciones anteriores porque no nos corresponde”.

La Asociación Marista Ecuatoriana, cuya presencia en el país se debió al eminente sacerdote Jorge Guillermo Armijos Valdivieso, asumió la responsabilidad de presidir la Junta Administrativa de la Fundación Álvarez en virtud de un convenio, siendo su primer presidente Santiago Fernández García, en 1967.

A él correspondió suscribir la escritura pública de constitución de la “Compañía de Economía Mixta Banco de Loja” en representación de la Fundación Álvarez, el día veinte de octubre de 1967, sin cuyo aporte, que era dinero de Daniel Álvarez Burneo, no hubiera sido posible la creación de nuestra icónica entidad financiera.

La realidad demostró que en nuestro medio no había capitalistas que dispongan en ese momento de un monto de dinero capaz de cubrir el mínimo requerido para la constitución de la Compañía, quedando en evidencia que la economía de nuestra provincia se sustentaba en la producción agrícola ganadera de medianas y grandes haciendas, cuyos propietarios aspiraban, sobre todo, adquirir bienes inmuebles en la capital de la república.  

Tiempo después, en el año 2000, Crescenciano González, por decisión de la Junta Administrativa y en representación legal de la Fundación Daniel Álvarez Burneo, transfirió por venta al Banco de Pichincha gran parte del paquete accionario que dicha Fundación mantenía en el Banco de Loja, que hoy lucha por sobrevivir de la mano de los lojanos.