Celebrar y agradecer

POR RUY FERNANDO HIDALGO MONTAÑO

Las condiciones de vida en nuestro país no son las mejores como nos gustaría, sin embargo, hay muchas cosas por las que celebrar y agradecer a Dios. Empezando por la vida, esa energía que me permite ahora mismo escribir estas líneas para ustedes, que receptan cada semana mi humilde opinión con tanta bondad, aunque no siempre tengamos el mismo criterio la discrepancia es saludable y enriquece el debate, pero no quiero apartarme del tema de celebrar y agradecer, a menudo me pongo a pensar que el hecho de estar aquí haciendo uso de mis cinco sentidos, ya es un motivo grandioso para celebrar y agradecer porque con ellos, puedo disfrutar de lo que nos ofrece el existir.

Con la vista puedo distinguir la obscuridad de la luz, también puedo ver a diario a las personas amadas que comparten vida desde que raya el alba hasta el ocaso conmigo, mirar sus rostros sonrientes o tristes, extasiarme de vez en cuando con un paisaje que se muestra ante mis ojos con todo lo imponente que es la naturaleza, puedo observar la variedad de colores con los cuales se viste el mundo, muchos de ellos concentrados maravillosamente en un pájaro o en una mariposa, o el verde de los ojos de una mujer que deambula por los sueños, o el azul de un cielo claro, sería infinito mencionar lo que la vista aporta al vivir.

El olfato me permite percibir los aromas agradables de lo que me rodea, el olor de un vergel, o el de un delicioso café, el perfume característico de un ser muy especial para mí una inmensa gama de recuerdos se los relaciona con las fragancias, pues nos transportan a tiempos en los que fuimos felices con la presencia física de personas que hoy ya no están, pero se los recuerda por su esencia revestida de nostalgia y agradecimiento por lo que compartieron con nosotros

Como no agradecer y celebrar la vida y compañía de los que siguen a nuestro lado, a los que podemos abrazar y acariciar aún. Como no agradecer por el sentido del oído por el que podemos escuchar los sonidos del mundo, el trinar de las aves, la música, las voces de quienes amas. O dar gracias por el tacto, por el que sentimos calor o frío, la magia de un beso, las gotas de lluvia en la cara, los rayos de sol abrigándonos la piel.

Pese a todo lo destartalado y loco que está el planeta, para los que tenemos fe hay todavía muchos para celebrar y agradecer, el despertar hoy con tus cinco sentidos activados, si tienes comida en tu mesa, si tienes trabajo, alguien que se interese por tu bienestar, son cosas y actos que merecen festejar y agradecer. Hubo una etapa de mi vida en la que me quejaba mucho, ahora lo menos, porque descubrí lo inútil de la queja y lo fecundo de agradecer el estar aquí y ahora, mañana Dios dirá.