Por: Sandra Beatriz Ludeña
Hermosa Valladolid, los colonizadores españoles te llamaron así, pues en tus caricias de viento y sol, en tus verdosas esperanzas les recordabas a su tierra, aunque debieron invocarte como Tapichalaca. La historia dice con mucho acierto que en tu ciudad cabecera hay encanto, por esto te conocen como “ciudad encantada”, desde el sur del país te levantas como parroquia desde un 11 de febrero de 1963, según tu acta de nacimiento en el Registro Oficial 379, conformando el cantón Palanda, de Zamora Chinchipe, en territorio ecuatorial.
Del encanto que abunda y para exaltarte tengo que hablar no solo de tu arquitectura (legado español), sino de tus encantos naturales, tú que inventas un bosque en los límites del mismo bosque, para anular la extinción, mientras el cerro Tapichalaca asiente con mirada imponente y de brazos cruzados, pero con ojos en las nubes mantiene el plácido y benigno clima andino. Las piedras por no sonreír, acompañan el encanto, así la arqueológica está en “El Torno” del barrio Fátima, y lo descubierto, como también, por descubrir en el sector Las Palmeras.
Por ello, te imaginas en “La Libertad”, lo que hubiese sido nuestra vida, mirando la “Laguana Las Cochas”, descubro que nuestra vida no es nuestra vida, algo complicado de entender, pero es hermoso. Si nuestra vida hubiese sido nuestra, las lagunas no contendrían tanta historia, ni tanto misterio. Por esas aguas que nunca corren, pero viven, hay misterio; como la vida estancada en un cuerpo que solo respira para ser parte del paisaje. Nada tiene que ver un cerdo celeste con política o con estatus y poder, la Cascada Platanillos lo asegura y reta, para todo aquel que se crea poderoso, exponga su minúsculo ser ante el poderío de las aguas de la gran cascada. Platanillos lo expresa con singular belleza.
Pero si el reto es encantador, no se compara con la promesa que dice en leyendas, que quien visita tres cascadas se contagia de fuerza, así que en el sitio Quebrada Honda hay la oportunidad de visitar la “Cascada Puerto del Cielo” y para completar el periplo, allí mismo, la “Cascada Playas de Guayabal”.
Esta es tierra donde el paisaje siembra su paisaje, donde la muerte no existe, por esto basta con ir al sitio Palmeras y conocer la “Cascada Tolas de Oro”; o visitar Fátima para probar las aguas de la “Cascada Fátima”.
Para los espíritus libres hay un reto más intrépido, pues en crecimiento no se toma atajos, quien busque se líder, primero tiene que mirar de frente la naturaleza, por esto, en Numbala Alto, el “Cerro Toledo” espera, para demostrarnos lo que es altitud.
Y en la propia Valladolid hay que aprender a ver los raros universos alternos, pues, a más de la “Cascada Nanchima” hay una colección de lagunas: Lagunas de Sabanillas, Laguna Achupallas, Laguna de los Molinos, Laguna La Latuna, y el principal el Cerro Tapichalaca.
Hablando del Cerro Tapichalaca, está la “Reserva Tapichalaca” que alberga verdaderos secretos del poder, pues, aquí encontramos el habitad del ave Gralaria Jotocoto (Grallariaridgelyi). ¿Hay alguien con una fotografía de esta reserva? Allí está lo húmedo del bosque, de zona temperada con alto endemismo de flora y fauna en la ladera suroriental de los Andes, con más de trescientas especies de aves, entre ellas, un significativo grupo de especies amenazadas, con corazón frágil.
El reto es ver el mundo del cuál somos parte y aprender administrar territorio con lucidez, pues, estamos al límite de juegos artificiales, del deslumbramiento y de vivir ajenos a la vida. Un pájaro ha salido al sol, a leer su periódico de agua, para luego, discutir con otros de su especie la mejor forma de conservar árboles, todo esto con el encanto del paisaje de Tapichalaca, aunque el pájaro no milite en ningún partido político, algo difícil de entender.
