“El profesor me tiene pica”

Fernando Cortes

Hay escenas que se repiten generación tras generación en las aulas de escuela y colegio. El estudiante llega a casa con malas notas y, antes de que alguien pueda preguntar qué pasó, ya tiene la excusa perfecta: “Es que el profesor me tiene pica”. (Habrán excepciones), pero en la mayoría no importa si faltó a clases, si no estudió o si no hizo las tareas. La culpa es siempre del maestro que, inexplicablemente, decidió perseguirlo.

Daniel Noboa ha encontrado su versión presidencial de esta estrategia. Enfrentado a cifras de inseguridad que no mejoran, desempleo persistente, hospitales sin insumos… el mandatario ha convertido a la Corte Constitucional en el villano de su relato. Como aquel estudiante irresponsable, prefiere culpar antes que asumir sus fracasos.

Los números no mienten. Ecuador acumula 6.449 homicidios hasta agosto de 2025, con un incremento del 47,4% comparado con el mismo período de 2024, según datos del Ministerio del Interior. Según el INEC (julio, 2025), el empleo adecuado apenas alcanza el 38,6%. Pero en lugar de resultados concretos, tenemos una guerra personal contra jueces.

La secuencia de septiembre revela la estrategia: Decreto 148, suspensión judicial, Decreto 153 para esquivar la decisión. Como el estudiante reprobado que busca cambiarse de paralelo para evitar al maestro exigente.

Basabe lo explica bien: el gobierno ha intentado construir artificialmente un enemigo donde no lo hay. La Corte no es oposición política; es una institución de control. Pero para Noboa, cumplir esa función se convierte en una “pica” inexplicable.

Human Rights Watch, la ONU ya alertaron sobre el deterioro institucional ecuatoriano. Cuando organismos internacionales se preocupan, es porque las alarmas democráticas suenan fuerte.

Mientras tanto, los ecuatorianos siguen esperando. Las familias que perdieron seres queridos por la violencia no necesitan que eliminen la Corte; necesitan seguridad efectiva. Los desempleados no requieren consultas; requieren trabajo. Los enfermos no demandan constituciones nuevas; demandan hospitales que funcionen.

Cabe recalcar que reformar la Constitución es posible, pero respetando el orden vigente. Más allá del debate sobre la pertinencia en el contexto social, hacerlo bien tendría sentido. Hacerlo bien podría traer cosas positivas. Pero saltarse procedimientos no es revolucionario; es irresponsable.

Ecuador necesita un presidente maduro que entienda que los controles institucionales no son obstáculos sino garantías democráticas. Necesita un líder que asuma responsabilidades sin buscar culpables externos.

Es hora de que el Presidente deje las excusas y haga la tarea que le corresponde: gobernar. Las ecuatorianas y los ecuatorianos no lo eligieron para hacer bronca sin sentido, sino para resolver los problemas del país. Hacer bien el trabajo es la mejor forma de honrar la voluntad de la gente.