Quilanga, 02 de octubre 2025
Juan Luna
La patria es nuestro país. Aquí hemos nacido, aquí vivimos y quizá al exhalar nuestro último aliento sea también en este rinconcito de los andes, con pequeña extensión territorial, pero de una riqueza tangible e intangible que nos llena de orgullo y nos sentimos vinculados por afectos históricos, culturales y sociales que fortalecen nuestra identidad.
La patria es nuestra madre y hemos aprendido que, a la madre, no se la hiere, no se la agravia, al contrario, se la respeta, se la venera, se la defiende, incluso con la propia vida si fuera necesario. El juramento realizado un día debe henchir nuestro corazón por la unidad nacional en la diversidad y cuyo camino es el diálogo abierto, sincero, frontal para derrotar juntos la violencia, el terrorismo, el narcotráfico y la corrupción que debilitan cada día al estado y a la patria.
Atravesamos un momento crucial en donde lo más sagrado, la vida, está en peligro, la inseguridad nos agobia y limita el desarrollo integral. Vivimos una crisis permanente de aislamiento y desconfianza que en nada ayudan a salir de la crisis progresiva en la que nos debatimos.
Lo que vivimos en este momento pasa, primeramente, por la conciencia y responsabilidad de los distintos líderes políticos, sociales y religiosos, pasa por un conjunto de actores que ven en la ilegalidad de la minería, las drogas, el narcotráfico, la corrupción y el odio una forma de vivir.
Para salir fortalecidos de esta crisis planteémonos un “mea culpa”, por lo que se ha hecho y dejado de hacer, así, encontraremos los verdaderos orígenes de la incubación del mal y encontraremos las fuentes para sentarnos a dialogar en el marco de un país pluricultural y diverso, razones de su verdadera riqueza. Unificar criterios para enfrentar toda expresión que atente contra la vida, la seguridad, la paz y la convivencia armónica.
Debemos empezar por reconocer que por muchísimos años hemos vivido un estado de injusticia, por la falta de igualdad de oportunidad para acceder y mejorar las condiciones de vida, principalmente, en educación, salud, seguridad derechos fundamentales de las personas y obligaciones irrenunciables del estado.
La incertidumbre, la zozobra, la oscuridad debe empezar por abrir las puertas de cada corazón de las personas, de las organizaciones, de los líderes gobernantes y en una mesa redonda y amplia donde quepan todos los sectores sociales, políticos, culturales, pueblos y nacionalidades para recuperar el estado de paz, de seguridad, de institucionalidad y juntos enfrentar al enemigo que, puede estar dentro de nuestra esfera o también fuera de las fronteras; segundo, recuperado el orden y garantizada la seguridad y la vida llevar a replantear el modelo de desarrollo, de administración, de gestión y de liderazgo que nos conduzcan a un verdadero equilibrio económico, social y ambiental, eso es pensar en las personas, en la naturaleza, en la vida.
El camino es difícil, sí, pero abre nuevos horizontes. La decisión consensuada, coherente, seguro será favorable a una patria de todos y para todos y allí estará cada ecuatoriano para junto volver a jurar por la patria.
Esta es la hora de la patria, es la hora de todos, es la hora del diálogo para vivir la justicia, la solidaridad, la convivencia armónica y veremos brillar la luz que transforma al individuo y la sociedad.
