EN LA PUERTA DE DELFOS. Conócete a ti mismo

Por: Fredy G. Paredes Cuenca

El Ecuador ubicado en la mitad del mundo, el equivalente del ombligo del mundo es testigo de procesos difíciles de afrontar, en que lo único que está claro es que los problemas se pueden solucionar con la participación de toda la sociedad, pero ¿Quién es el componente principal de toda sociedad? Como nos imaginamos, así es, somos cada uno de nosotros.

El aporte individual a la sociedad parecería pequeño, pero eso es una falsa percepción, en realidad el aporte que cada uno hace a la sociedad, la hace fuerte o lo contrario.

Con lo anterior como una certeza, podemos plantearnos algunas preguntas como: ¿Dónde debemos empezar a solucionar los problemas del grupo? Sin duda alguna, debemos empezar por nosotros mismos. En ese camino de hacer, tenemos como prioridad el autoconocimiento: ¿De qué somos capaces? ¿Cuáles son nuestras fortalezas? ¿Dónde puede tener, nuestro aporte, mayor significado?

Las preguntas planteadas universalmente acogidas, se resuelven en la medida de lo que se haga para solucionar lo que se plantea.

En la antigua Grecia Delfos —como el Ecuador para el mundo— era considerada como el centro del mundo, lugar donde se chocan las águilas (En la mitología griega, Zeus deja volar 2 águilas en un polo opuesto, ellas rodean el mundo y donde se reencuentran y chocan, se consideraba la ubicación del ombligo del mundo, Delfos) lo que actualmente es un yacimiento arqueológico, declarado como Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1987. Delfos, era el lugar de un templo dedicado al dios Apolo, en cuyo interior se encontraba el oráculo, este lugar en donde se dice se desarrolló el pensamiento humano que actualmente ha sido adoptado por occidente. En el umbral de la puerta del oráculo de Delfos se encontraba algunas máximas como la que ahora muestro “Gnóthi Seautón” que significa textualmente “Conócete a ti mismo” cuya interpretación personal debería desarrollarse en el camino de reconocer las capacidades individuales útiles para todos, que aporten progreso social partiendo desde el crecimiento personal.

Parece una duda existencial, cuya respuesta nos permite enfrentar la realidad; de la misma forma Sócrates exhortó a sus discípulos a conocerse a sí mismos, a descifrar el enigma de autoconocimiento mirándose al espejo todas las mañanas antes de empezar las actividades cotidianas. Por otra parte, Arthur Schopenhauer insta a conocerse a sí mismo, desear tan poco y conocer tanto como sea posible, lo que plantea como una máxima que fue la guía de su existencia.

En el camino de autoconocimiento para adaptarse al medio es necesario ser capaz de reaccionar a los desafíos cotidianos usando todas las herramientas adquiridas en este proceso que desarrolla la inteligencia y habilidad para adaptarse al mundo, haciendo de esto, una filosofía de vida. Dichas herramientas deben empezar con ser comprensivo contigo mismo: Escúchate, valórate y entiende tus necesidades sin autocriticarse severamente; analiza qué aspectos de tu vida te llevan a cuestionarte; toma la responsabilidad primaria del autocuidado, sigue una rutina o crea nuevas rutinas con miras a un objetivo claro, entiende que las crisis forman parte de la vida, enfócate en lo que es importante, procesa las emociones, construye o forma parte de una red de apoyo que sea soporte en los momentos de crisis, reconoce que cada uno tiene el poder de cambiar aspectos de sí mismo y tomar decisiones que mejoren su bienestar. Resuelto lo personal, será mucho más fácil poder aportar a la sociedad desde lo individual empezando por la empatía, con un genuino interés por el semejante, que puede hacer una diferencia significativa y real del cambio que todos queremos.