La materia que casi me pierdo

Diego Lara León

Era mi primera semana de la maestría, mi manejo del portugués era aún incipiente, es por ello que no me percaté que debía, en aquel primer trimestre, tomar una materia especial para completar el número de créditos. Me hubiese gustado matricularme en natación, ciclismo o hasta gastronomía; la única materia disponible era “desarrollo espiritual”, confieso que pensé que me tocaría ir a misa a diario, me matriculé sin entusiasmo.

Mi profesor era un hombre de mediana edad, de fácil conversación, crítico de la religión y loco por el fútbol, como todo buen brasileño.

Luego de los 10 primeros minutos de la clase, esa materia ya era mi favorita.

Fueron 10 semanas de clase, fueron 10 clases magistrales, fueron 10 frases que nos motivaba a discutir, analizar y poner en práctica, bueno, aunque sea por un día.

Primera semana, primera frase: “una persona con una nueva idea, no es valorada, hasta que tiene éxito”, cuidado con menospreciar a un futuro éxito.

Segunda semana: “Solo una cosa convierte en imposible un sueño: el miedo a fracasar”, no es malo tener miedo, es más, es bueno tenerlo, lo que es malo es no superarlo.

Tercera frase: “recuerda que no puedes fallar en ser tú mismo”, a todos podrías engañar, menos a ti mismo.

Cuarta semana: “La derrota no es el peor fracaso, el verdadero fracaso es no intentarlo”.

Quinta frase: “Nos convertimos en lo que pensamos”, por eso cuidado con lo que piensan. El que piensa cosas malas, nunca será una buena persona, el que piensa de dañar, nunca estará sano.

Sexta semana: “la vida no se trata de encontrar refugio ante la lluvia, se trata de aprender bailar bajo la lluvia”. El que no se adapta, se muere.

La séptima semana no fue a clases, entonces en la octava semana nos envió a reflexionar dos frases: “Debes hacer las cosas que crees que no puedes hacer, siempre y cuando no dañes a otras personas” y “el mayor placer en la vida es hacer lo que otros dicen que no puedes”

Al llegar las dos últimas semanas todos, o al menos algunos, estábamos agradecidos de habernos matriculado en aquella materia rara y poco buscada.

Mi profesor había dejado las dos frases mas poderosas para el final:

“La vida no trata de encontrarte a ti mismo, trata de crearte a ti mismo”; y, “no vemos las cosas como en realidad son, las vemos como en realidad somos”. Por eso no discutas con quien siente diferente a ti.

El que se queja, produce queja. El que irradia felicidad, es feliz. El que todo mira gris, es gris. El que solo ve lo malo, sin duda no es bueno.

La reflexión final fue: “ustedes no solo serán administradores de empresas, serán los guías de vidas, serán los motivadores, los mentores. Sus empresas no podrán desarrollarse si su espíritu no se desarrolla primero. Antes de ser buenos gerentes, deberán ser buenas personas”.

@dflara