LA PALABRA NECESARIA

P. MILKO RENÉ TORRES ORDÓÑEZ

La Palabra de Dios, siempre viva y actual, dice san Pablo a Timoteo “está inspirada por Dios y es útil para enseñar, reprender, corregir, educar…”. Una cadena de conceptos que expresan la verdad que motiva al hombre a crecer en la virtud y le mueve a realizar obras buenas. San Agustín afirmaba que “Dios habla al hombre al modo humano”. Los autores del Antiguo Testamento han podido elaborar un texto, un tejido bien confeccionado que contiene relatos de diversa procedencia con una trama compleja, misteriosa y llena de enseñanzas muy valiosas.

En el libro del Éxodo podemos contrastar la fe, la fortaleza, la lucha constante de un pueblo que quiere mantener viva la promesa de llegar a una tierra fecunda que mana leche y miel. Moisés, un auténtico líder, amigo de Dios y defensor de los derechos de los pobres, encarna a un ser, elegido por Dios, para acompañarlos en una dura travesía en el desierto. Nunca está solo. La fe sostiene cada guerra que afronta. Cada obstáculo que tiene por delante. En la batalla contra las tribus enemigas, como los amalecitas, levanta sus brazos hacia lo alto, como un signo de encuentro con el único Dios verdadero. La victoria y sus logros pertenecen al Pueblo.

El autor del Salmo 120 actualiza aquellas jornadas épicas. Las convierte en un himno que expresa gratitud y compromiso: “Te guardará el Señor en los peligros y cuidará tu vida; protegerá tus ires y venires, ahora y para siempre”. La gratitud tiene rostro humano, sensible ante las contingencias de la vida y fuerte ante los retos que presenta el mundo. El corazón que se abre a Dios recibe gracias constantes: “No dejará que des un paso en falso, pues es tu guardián y nunca duerme”. De regreso a la cristología paulina, recogemos la exhortación de Pablo a Timoteo.

Ha escrito su carta con un tono muy pastoral: “Permanece firme en lo que has aprendido y se te ha confiado, pues bien sabes de quiénes lo aprendiste”. Lleva el encargo misionero de anunciar con paciencia y sabiduría, a tiempo y a destiempo, el Evangelio, mensaje activo de paz y comunión. Jesús debe ser amado y proclamado. La enseñanza de Jesús acerca de la importancia de orar siempre tiene sus matices. Recurre a la parábola de una viuda que acude ante un juez inicuo para que le haga justicia. El magistrado reflexiona: “Aunque no temo a Dios, ni respeto a los hombres, sin embargo, por la insistencia de esta viuda, voy a hacerle justicia para que no me siga molestando”. Jesús pregunta: “¿Creen ustedes, acaso, que Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman noche y día?”. Responde: “Les hará justicia a sus elegidos que claman a Él, día y noche”. El relato, narrado por san Lucas, concluye con una lección. Jesús exhorta a sus oyentes a transitar por el camino más seguro.

La fe y la oración van de la mano. No puede existir indiferencia, tampoco frialdad ante las cosas de Dios. Nos corresponde discernir ante las disyuntivas que crea nuestro modo de proceder. Dios quiere que nuestra fe pase de lo sentimental a lo práctico. Demos el salto de calidad.