Efraín Borrero Espinosa
A pocos meses de haberse instaurado el Consejo Supremo de Gobierno presidido por el almirante Alfredo Poveda Burbano e integrada por los generales Guillermo Durán Arcentales y Luis Leoro Franco, que gobernó el Ecuador hasta el 10 de agosto de 1979, fecha en que Jaime Roldós Aguilera inició un nuevo período democrático en nuestro país, el 9 de agosto de 1976 se realizó un encuentro fraternal de Obispos, sacerdotes y laicos de diferentes países de América en el Hogar de Santa Cruz de la Diócesis de Riobamba, “para propiciar un intercambio de experiencias laborales y un ensayo de diagnóstico de la situación del pueblo de las Américas, con miras a un enriquecimiento mutuo y a una búsqueda de nuevas formas de evangelización que respondieran a la problemática que por entonces se vivía”. Algunas monjas, una de las cuales presta sus servicios en Landangui, cantón Loja, entregando su vida en apoyo a un grupo de ancianos, colaboraron con la organización.
También interesaba conocer sobre el terreno la experiencia pastoral de la Diócesis de Riobamba bajo la égida de Monseñor Leonidas Eduardo Proaño Villalba, nacido en San Antonio de Ibarra el 29 de enero de 1910, conocido como «el obispo de los indios» por su incansable trabajo en defensa de los derechos de los pueblos indígenas. Fue fundador de las Escuelas Radiofónicas Populares
Dos arzobispos, quince obispos y demás religiosos y laicos participantes vinieron desde Argentina, Chile, Paraguay, Brasil, Venezuela, España, México, Estados Unidos, Colombia, Bélgica, España, Alemania, Perú, Holanda y Gran Bretaña. Los ecuatorianos fueron: Modesto Arrieta, Jorge Moreno, Agustín Bravo, Gabriel Barriga, Rubén Veloz, Estuardo Gallegos, José Gómez Izquierdo, Melba Espinosa, Rosa Pereira, María Diez y el Obispo Leonidas Proaño, anfitrión.
Se trataba de una reunión amistosa, informal y no convocada por la Conferencia Episcopal ecuatoriana, ni por el Consejo Episcopal Latinoamericano – CELAM-. De su organización tenían pleno conocimiento el Cardenal Sebastián Baggio, Prefecto de la Sagrada Congregación de los Obispos; el Cardenal de Ecuador, Pablo Muñoz Vega; el Obispo Auxiliar de Quito, Monseñor Antonio González; el Episcopado Norteamericano, a través de su Comité para América Latina, y varios de los Episcopados Latinoamericanos.
Todos los concurrentes extranjeros ingresaron legalmente al Ecuador, con sus respectivos pasaportes, además de someterse rigurosamente a las disposiciones aduaneras y de inmigración.
La narración de los hechos consta detalladamente en el Boletín Informativo del Servicio Paz y Justicia en América Latina, correspondiente a los meses de agosto, septiembre y octubre de 1976, dirigido por Adolfo Pérez Esquivel, quien fue uno de los integrantes de ese encuentro y que pocos años después recibió el Premio Nobel de la Paz. Ese Boletín es fuente primaria de este trabajo.
Como obispo de Riobamba Leonidas Proaño aplicó la “teología de la liberación” en su ministerio, promoviendo la justicia social y la dignidad de los más vulnerables. Su compromiso con esa causa lo convirtieron en una figura importante en la historia de la Iglesia Católica en América Latina y su trabajo tuvo un impacto significativo en la región.
Con esa línea de pensamiento y acción se identificaron todos los demás participantes en el encuentro de Riobamba, además de otras figuras religiosas hispanoamericanas que estuvieron ausentes, como Ernesto Cardenal, un sacerdote católico nicaragüense y poeta que fue uno de los exponentes más destacados de la Teología de la Liberación en América Latina; y, Hélder Câmara, arzobispo católico brasileño que fue defensor de los derechos humanos y la justicia social en Brasil.
La “teología de la liberación” es un movimiento teológico católico latinoamericano que surgió en la década de 1960, enfocado en una «opción preferencial por los pobres». Interpreta el Evangelio desde la perspectiva de los oprimidos y busca la transformación social, política y económica para superar la pobreza y la injusticia. Utiliza el análisis de las ciencias sociales para entender las causas de la opresión y promover una «praxis de liberación». Se caracteriza por el método «Ver, Juzgar y Actuar».
El Papa Francisco mostró una apertura hacia esta teología, enfatizando la necesidad de una iglesia que esté entre los pobres y para los pobres. Durante su pontificado tuvo lugar una revalorización de la “teología de la liberación”, luego de haber sido marginalizada en anteriores papados lo que permitió su plena rehabilitación dentro de la Iglesia
Se dice que los primeros en utilizar el concepto de “teología de la liberación” y en definir esta corriente fueron el teólogo presbiteriano brasileño Rubem Alves y el sacerdote dominico peruano Gustavo Gutiérrez Merino, cuyos trabajos sobre el tema datan de 1968 y 1969, respectivamente.
Gustavo Gutiérrez plasmó esa frase junto con otras reflexiones en un folleto. titulado «Hacía la teología de la liberación», que quiere decir: establecer la relación que existe entre la emancipación del hombre —en lo social, político y económico— y el reino de Dios.
En medio de la fraternidad, la oración, la reflexión y el trabajo intenso, transcurrieron los días lunes 9, martes 10, miércoles 11 y jueves 12, hasta que, en ese día, a las 5:30 P.M., en forma sorpresiva, violenta y agresiva un grupo de policías que vestían de civil rodearon el Hogar de Santa Cruz e irrumpieron en el salón donde los obispos y demás participantes estaban reunidos.
En el Boletín se destaca que “el despliegue de armas era impresionante: unos llevaban revólveres y otros ametralladoras, fusiles, carabinas y bombas de gases. Todos estaban provistos de máscaras antigases.
Uno de los afectados declaró: “Se nos ordenó salir inmediatamente de la casa y subir a un pequeño bus de la policía. En total éramos 57 personas, incluyendo a cuatro religiosas y a dos empleadas del servicio doméstico. Los hombres armados sacaron a empellones a las religiosas, a las empleadas y a algunos Obispos. No se nos permitió sacar absolutamente nada de lo nuestro, ni las maletas, ni nuestras cosas personales, ni las carpetas de trabajo, papeles y documentos”.
La policía buscó por todas partes del recinto algún documento “subversivo” que evidencie el propósito real de la reunión, pero no encontraron nada. Sobre el asunto interrogaron a Leonidas Proaño y éste respondió: “el único documento “subversivo” era el evangelio”.
Entre las seis de la tarde el bus se trasladó hasta la ciudad de Quito llevando a los detenidos con la custodia de doce policías y escoltado de patrulleros. Iban apiñados; literalmente uno sobre otro.
Los agentes de Policía poco a poco se dieron cuenta que en entre los detenidos había obispos y sacerdotes lo que incidió para el cambio de actitud. Se dice en el informe que “alguno de ellos estaba tan “arrepentido” que quería confesarse.
“Hacia las nueve de la noche, después de tres horas de marcha y un poco antes de llegar a Quito, quien comandaba la comitiva, con pretexto de ofrecerle una mayor comodidad a Monseñor Leonidas Proaño, le pidió cortésmente que bajara del bus y subiera a otro vehículo de la policía”. Los compañeros se opusieron y expresaron su preocupación, pero todo fue en vano; no obstante, se ofreció brindar las garantías necesarias al prelado.
“En realidad fue una hábil maniobra para separarlo del grupo y conducirlo a un lugar especial donde sufriría un fuerte interrogatorio que se prolongó hasta las primeras horas del día siguiente”. El grupo perdió el contacto con Leonidas Proaño hasta el viernes en horas de la noche.
Durante el trayecto los curitas cantaban salmos, canciones de mensajes, himnos de oración y rezaban por la integridad de quien se constituyó en su líder: Monseñor Leonidas Proaño.
En Quito llegaron a un cuartel de policía, “Allí había un camión lleno de agentes uniformados. Nos hicieron bajar y la tropa hizo filas al lado y lado del bus. Los agentes tenían armas de varios tipos y varios perros policías”.
Al ingreso separaron a los extranjeros de los ecuatorianos y a cada uno solicitaron sus datos, además de poner su huella digital. A partir de este momento los interrogatorios se multiplicaron con uno y otro.
A las 2:30 de la madrugada del día viernes llegó al cuartel el Nuncio Apostólico para conocer su estado de salud y manifestarles que había contactado con autoridades del Gobierno quienes manifestaron que no hubo detenciones sino una “investigación para dialogar”; pero el Nuncio Apostólico les transmitió la versión del Gobierno: la detención se produjo porque “era una reunión de extranjeros que interferían en asuntos propios del Ecuador”. También les hizo saber que algunos extranjeros serían deportados en horas de la tarde de ese día, como en efecto ocurrió.
Consta en el Boletín Informativo que “el primer grupo de personas deportadas era el de los colombianos y debían emprender la marcha hacia el norte por vía de Tulcán hasta llegar a la frontera con Colombia, en Ipiales. El grupo salió en un carro de la policía, custodiado por un teniente, un sargento y un policía como chofer. Los deportados salieron sin pasaporte y sin papeles. Además de los colombianos hicieron salir también a algunos ecuatorianos y al señor Adolfo Pérez Esquivel, de nacionalidad argentina, quien es el coordinador general del servicio Paz y Justicia en América Latina”. Los demás extranjeros tuvieron que cargar su propia cruz para finalmente viajar a sus territorios.
Las reacciones de solidaridad por parte de organizaciones religiosas a nivel del país y del exterior se manifestaron de inmediato, así como de la prensa nacional e internacional. Todos coincidieron en que hubo un exceso de fuerza y poder para denigrar la dignidad de quienes propiciaron la reunión en el Hogar de Santa Cruz de la Diócesis de Riobamba.
Leonidas Eduardo Proaño Villalba falleció el 31 de agosto de 1988 luego de haber convivido con sus principios a los cuales jamás renunció y de haber recibido el Doctorado Honoris causa por parte de la Escuela Politécnica Nacional, así como el premio Bruno Kreisky en Viena, Austria.
