Al prójimo

Fernando Oñate

Todos en algún momento de nuestra vida hemos soñado con el éxito, la seguridad, la independencia. Muchos buscan posiciones de privilegio considerándose merecedor de la honra y admiración de sus congéneres.  Quizá es por esto que la palabra siervo, no encaja con la mentalidad del hombre en la actualidad. Dicha palabra trae a la mente a una persona subordinada, casi invisible. Sin embargo, la palabra siervo evoca una cualidad admirable que revela un amor hacia los demás, semejante al de Jesús.

En tiempos bíblicos era común recorrer grandes distancias por caminos polvorientos y la tarea del esclavo de más baja categoría, era lavar los pies de las personas. Cuando celebraban la que a la postre sería la última cena, ninguno de los apóstoles de Jesús se consideró lo suficientemente bajo como para lavar los pies de los demás y, por el contrario, comenzaron a discutir entre ellos sobre quién era el más importante.  Indudablemente, necesitaban comprender sobre la verdadera grandeza. Jesús, preeminente entre ellos, se humilló y lavó los pies de sus discípulos, incluido Judas Iscariote; y aunque Pedro no se consideró digno, comprendió que el Maestro estaba mostrándoles con su ejemplo el verdadero espíritu de siervo. La enseñanza estaba clara: “si alguno de ustedes quiere ser el más importante, deberá ocupar el último lugar y ser el servidor de todos los demás”.

La condición de siervo requiere de humildad, altruismo, obediencia al Señor y amor por el prójimo. El apóstol Pablo lo resume en su carta a los filipenses: “haya en ustedes este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo Dios, no se aferró a su condición divina, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, se hizo semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que está sobre todo nombre para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”.

Hoy vivimos tiempos que dejarán una profunda huella en las naciones más pobres, en los que menos tienen. En todos los niveles y en todos los rincones, necesitamos siervos desinteresados, que no busquen retribución, que sientan que servir da sentido a su vida, que sean capaces de disfrutar del alimento espiritual que da el servicio, gente comprometida que entienda que servir al prójimo, es servir al Señor. ¿Estas dispuesto?