Ruy Hidalgo M.
ruyfer08@hotmail.com
Cuando el país no puede más y no sabe por dónde caminar, hay que volver a unirse y tomar decisiones. Este domingo debemos acudir de nuevo a las urnas, algunos incluyéndome, muy a nuestro pesar, porque considero que los problemas más acuciantes de la sociedad ecuatoriana no se resolverán en nada con esta consulta y referéndum. Más bien se incurre en un gasto del que no se sacará algo positivo y que bien se podría destinar a paliar necesidades mucho más apremiantes que exigen atención inmediata, como dotar de recursos al sistema de salud que hoy por hoy no cuenta ni con lo básico para atender los requerimientos de los numerosos usuarios que acuden por atención médica a los hospitales, centros y subcentros, encontrándose con la ingrata sorpresa de la completa falta de insumos.
También se podrían solventar las carencias, por ejemplo, de la función judicial, que desde octubre de 2024 se conoce no se le ha dotado de los recursos urgentes para un funcionamiento ideal de esta importante función del Estado, que si no fuera porque los directores provinciales han tenido que hacer verdaderos malabares para evitar un deterioro más grave de esta vital área, estaríamos contando otra triste historia.
Pero bueno, el Gobierno nos ha puesto en estas circunstancias. Frente a esto, no nos queda más que ir a votar con la razón clara, el corazón libre de odio, teniendo en cuenta en todo instante el futuro del país en nuestra mente, pensando que de lo que decidamos dependerán muchas cosas de absoluta trascendencia para todos.
Ecuador tiene un récord de manoseo a su Carta Magna. Gobierno tras gobierno han intentado —y algunos han logrado— reformarla según sus conveniencias. La pregunta es: ¿ha servido de algo al pueblo? La respuesta es no. Podemos tener la constitución más garantista de derechos del mundo, pero si nadie o pocos la respetan, no cumple su cometido, pasando a ser letra muerta.
La historia nos relata que varios presidentes utilizaron políticamente las leyes, poniéndolas a su favor en unos casos e irrespetándolas en otros. Entonces, no tiene ninguna función que se convoque tan seguido a asambleas constituyentes que no interpretan para nada los intereses populares, ni tampoco contribuyen a preservar la naturaleza, con todo lo que conlleva este aspecto: agua, fauna y flora. Sin comprender que, más temprano que tarde, la misma naturaleza nos pasará una factura que puede ser nuestra propia extinción.
No por puro odio vamos a permitir que bases militares extranjeras se posicionen en nuestro territorio con claros fines geopolíticos belicistas, tropas que en los más de 700 países donde intervinieron solo dejaron una huella macabra de abuso y prepotencia. Pidamos a Dios que no nos dejemos llevar por el odio ni las diferencias y que nos ilumine el pensamiento y la razón para poder vislumbrar el mejor horizonte para la amada patria.
