La esperanza como resistencia

Los últimos diez años, tanto en el Ecuador como en el mundo, han sido años de readaptación del neoliberalismo mediante acciones de violencia extremas: guerras internas y externas; represión basada en el asesinato o la cárcel de toda oposición con el pretexto de son aliados de la delincuencia; persecución a las organizaciones sociales bajo la acusación de terroristas; eliminación, legal e ilegal, de los derechos de los trabajadores; reducción de los presupuestos destinados a la educación, salud y otros servicios públicos… y un largo etc., donde se exoneran impuestos y otras contribuciones económicas en beneficio de las fuerzas represivas y de los empresarios.

Frente a estas realidades, aparece la pregunta de siempre ¿qué hacer? Acudimos a nuestros hermanos caminantes que nos iluminan para encontrar la esperanza en el sendero de la resistencia. Uno de ellos es Frei Betto, quien nos alienta con sus reflexiones:

“Los movimientos sociales son la esperanza de Latinoamérica. Vivimos momentos complejos, no podemos bajar la guardia porque el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que habla más de lo que hace, pero hace también, amenaza con una regresión en las relaciones de su país con la región a la peor de las etapas, la Doctrina Monroe.

Pero la situación ha cambiado. Tenemos que estar preparados para seguir un camino propio, que no sea regentado por el imperialismo. Como solución: la necesidad de movilizar a las masas, hay que dotar a la gente de conciencia crítica, hacer un trabajo intenso, sobre todo a partir de los movimientos sociales y populares, de alfabetización política. Es decir, la mejor resistencia es crear en la gente una conciencia crítica hacia las políticas de Estados Unidos.

En este escenario regional no hay salida a mediano plazo, fuera de reforzar los movimientos sociales, los gobiernos progresistas han cometido errores al buscar alianzas por arriba y no por abajo, al apoyarse más en los partidos tradicionales, enemigos potenciales, que en los movimientos sociales, sustentos naturales de sus políticas. Es hora de hacer autocríticas y volver a la base, fuera del pueblo no hay liberación, salvación, ni futuro para políticas sociales realmente efectivas que terminen con las grandes desigualdades que lastran a la región.

La crisis es civilizatoria. El mundo está dominado por la financiarización de la economía. Un pequeño grupo de empresas transnacionales tiene más poder que los Estados. Todo está pensado en función de la acumulación de capital, y la preservación de la naturaleza se considera un obstáculo al progreso.

El neoliberalismo propaga la cultura del «fin de la historia», de que nada cambiará, y le achaca al Estado la culpa de todos los problemas debido a los gastos excesivos, la corrupción y la politiquería. Así, aceptamos cambiar la libertad por la seguridad, los principios por los intereses, lo público por lo privado, el bien por los bienes.

¿Dónde está la salida hacia la esperanza?

Para los inmediatistas, en los avatares. Irrumpirá un «mesías» que hará llover bendiciones.

La salida no depende solo de mi voluntad, mi partido, mi proyecto. Depende de una obra colectiva basada sobre una nueva manera de pensar y actuar. De una espiritualidad holística, socioambiental”.