Entre trompos, chupetes y encantos

Por: Sandra Beatriz Ludeña Jiménez

Entre trompos, chupetes y encantos transcurrió la infancia compartida con camaradas. Los recuerdos acuden ansiosos, mientras los obreros tocaban unas trompetas antiguas, un bombo, unos platillos, después de la misa me gustaba que mamá con canguil me endulce, mientras reventaban los cuetes de la retreta (función musical al aire libre), la canción de “La flor zamorana” se quedaba sonando en los oídos. Camino a casa repasaba las melodías del cantor de iglesia, y una vez en el vecindario, me quedaba mirando la pericia de vecinos bailando sus trompos como orquestas.  En el barrio Chorillos a doña Contento, no le faltaba un ejército de rojitos chupetes, en papel de despacho, envueltos; a peseta, a peseta, voceaba, que el que prueba siempre aprueba.

Mas adelante, un agencioso panadero instaló su tienda, allá acudía para conocer los roscones más alhajitos de vitrina, y claro el pan del horno a gas, que ya se ponía en boga, las elenas eran una delicia y, ni hablar de las cañas que tenían un centro de mermelada, para los días tristes. Así entre tanta dulzura, empecé a escuchar las competencias de acertijos, que con o sin pericia, salían apurados y armados, así: “¿Lojano chivo, lojano seco, tengo el apellido, pero no tengo el precio, ¿quién soy?  El sequito de chivo nunca nos faltó en la gastronomía lojana, mientras otro niño, pedía lo escuchen: “Si lo tengo en silencio, “se” es el encanto, pero, si lo canto, el “creto” es desencanto, ¿quién soy?  Un secreto a voces, que todo lojano le gusta el canto.

Entre mazapanes lojanos hechos de harina, grasita, bicarbonato y miel de panela, la dulzura persiste, mientras los chicos resisten: “leve cae, leve moja, nunca se enoja, ¿qué es?  Con lluvia o sol, aún muy lejos de toda cosa horrible que nos asuste, aquel tiempo era de adivinanzas, y claro, también de templanzas, por eso decían: “A todos persigue, a nadie consigue, ¿qué será? Ni la sombra de lo que era, la ciudad ha crecido de todas formas, y las costumbres no se encogen, por eso, “Salta y salta, la colita le falta, ¿qué es? La rana se puso de moda, por eso hay ahora, hasta ancas que en plato se acomodan.

Para nadie es novedad, que el lojano tome guarapo, aunque con “apo” anda, con “apo” besa, para la tercera vuelta, empieza en “c” y termina en “eza”. La cerveza nos ensancha, con su preparación de cebada que ensalza.

El repe y cecina, desde chica aprendí a degustar, pero siempre hubo un rojito que acomodar.  El ají lojano nunca hace daño.  En fin, a quién se le ocurre seguir hablando de cosas de encanto, porque en Loja los recuerdos tienen sabor lojano. Los higos pasados, no se quedan en el pasado, sigue su costumbre de consumirlos con queso fresco, y el que lee, a estas alturas ya babeó por lo gustoso del momento.  Soy diferente al escarabajo que los lojanos aprecian, porque en invierno, hasta himno le cantamos, pues nos recuerda, que al que tiene caparazón, caparazón le pesa. Por eso, entre trompos que prolongan el baile, chupetes de largo endulce, y varios encantos lojanos; recordar es bueno, para ejercitarnos en las adivinanzas, que ahora, nos llevan por otras andanzas.