LA RENOVACIÓN INTERIOR

P. MILKO RENÉ TORRES ORDÓÑEZ

El lenguaje del Profeta, enigmático y directo, contiene recursos tan variados, necesarios como la luz de cada día, que llegan para quedarse guardados en la mente y el corazón de quienes saborean el pan de la palabra de Dios. El mensaje que transmite cambia modos de actuar, forma seres humanos que aportan al bien común, desde la dimensión espiritual y social. Isaías, hombre escogido por Dios para transmitir buenas noticias, describe con sobriedad la profundidad de un mensaje, con consecuencias determinantes para la salvación de los hombres. Las figuras literarias contienen verdades incuestionables.

Extraemos, del capítulo 11, estas palabras: “En aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, un vástago florecerá de su raíz”. De una esperanza pasiva, agonizante en la aridez de un desierto, resurgirá una nueva vida, raíz de una existencia fecunda, llena de justicia y paz. El Espíritu del Señor llenará de dones a quien vendrá a instaurar un reino de armonía: “Sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, piedad y temor de Dios”. Los dones, presencia de Dios en el corazón de quien busca disfrutar de la plenitud de la gracia, contienen una doble misión: amar y servir. La identidad del descendiente del linaje de David tiene rasgos divinos y humanos. La verdadera justicia viene de Dios.

La paz que perdura proviene de sus entrañas de misericordia. El Profeta concluye con un himno de alegría y fe: “Aquel día, la raíz de Jesé se alzará como bandera de los pueblos; la buscarán todas las naciones y será gloriosa su morada”. Con idéntica profundidad, el narrador del Salmo 71 invita a su pueblo a invocar al único Dios y Señor: “Ven, Señor, rey de justicia y de paz…Que bendigan al Señor eternamente y tanto como el sol, viva su nombre”. El pueblo, devoto y fervoroso, revive la esperanza de un tiempo renovado y perenne.

San Pablo, misionero por excelencia, reaviva la fe de la comunidad de creyentes que habitan en la capital del mundo romano. La realidad de los destinatarios de esta carta, que contiene un cristocentrismo muy arraigado, necesita alimentarse con exhortaciones que los impulsen a conservar su fe: “Por la paciencia y el consuelo que dan las Escrituras, mantengamos la esperanza”. La tentación de la apostasía, muy frecuente entre ellos, debe desaparecer. Cristo Jesús, fuente de la caridad fraterna y de la unidad en la fe, conforta su testimonio de vida: “Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, les conceda a ustedes vivir en perfecta armonía, unos con otros, conforme al Espíritu de Cristo Jesús”.

Pablo, a imitación de Jesús, asume el rol de un pastor bueno, que ama a sus ovejas y entrega su vida por ellos. La misión de Juan el Bautista, según el testimonio de san Lucas, clara y apremiante, centra su objetivo en la conversión: “Arrepiéntanse, porque el Reino de los cielos está cerca”. Exhorta a preparar “el camino del Señor”. Hay que enderezar los caminos, con penitencia y perseverancia. Juan prepara la venida de un rey de justicia y paz que bautizará en el Espíritu Santo y fuego. Dios nos llama a vivir con rectitud. Escuchemos la voz interior que nos habla con amor. Nos pide coherencia y conversión.