La descomposición del Derecho Internacional forjado por la burguesía occidental

César Augusto Correa

elcesarbelt@gmail.com

Las normas del Derecho Internacional que rigen en el mundo, en su mayoría han sido redactadas de conformidad con los intereses de las potencias industrializadas de América y Europa. Tales normas constituyeron un gran avance frente al reino de la arbitrariedad de los siglos anteriores, especialmente de las impuestas por las monarquías absolutistas. Las más trascendentes normas del Derecho Internacional, aceptadas por todas las naciones en el siglo XX, se encuentran en la Carta de las Naciones Unidas, en la Carta de la OEA, en los tratados internacionales.

La aplicación del Derecho Internacional en el siglo XX, el respeto de las naciones a sus normas, significó la apertura al progreso de todos los países, aunque en mayor grado se beneficiaron las potencias occidentales.

Cabe mencionar que el Derecho Internacional actual no es el adecuado para garantizar relaciones de justicia, paz y cooperación entre los pueblos del mundo, pero venía siendo lo tolerable cuando existen territorios con niveles de desarrollo muy desiguales, en el que los más fuertes han podido saquear los recursos naturales de los más débiles, y se han manejado las relaciones comerciales de tal suerte que se ha condenado a la mayoría de estados a sobrevivir de las actividades del sector primario de la economía, impidiéndoles su industrialización.

En la evolución natural de la sociedad hemos llegado al momento en el cual ese Derecho Internacional ya no le sirve a sus creadores, ya no le sirve a la burguesía imperialista, por lo que ha iniciado su descomposición y los más apresurados en desconocerlo son precisamente los EE.UU. y la UE.

El derecho a la libre movilidad sufre cada día más restricciones.

El presidente Trump se ha lanzado con ímpetu inusitado a destrozar el Libre Comercio, con sus locos aranceles; a desconocer el principio de la no injerencia en los asuntos internos de los países; a irrespetar la soberanía de los estados; a violar el derecho a la vida con sus ejecuciones extrajudiciales; últimamente a eliminar el libre uso de las aguas internacionales.

El asalto y captura del buque petrolero que iba a Cuba, en aguas internacionales, con el robo de más de un millón de barriles de petróleo, a plena luz del día, ante los ojos del mundo entero, es un desvergonzado acto de piratería, gravísimo, que nos dice que la Carta de las Naciones Unidas no será más observada por el gobierno norteamericano, lo que cuenta con la solidaridad de la UE.

Esto obliga a todos los demás a organizarse para crear, desarrollar e imponer un nuevo Derecho Internacional, que supere al insuficiente e inútil que queda, heredado de la revolución burguesa, victoriosa desde el siglo XVIII y hoy en incontenible decadencia. Las acciones de Trump no sirven para que EE.UU. vuelva a ser fuerte, al contrario, son la muestra de que quien ha zozobrado en medio océano, busca desesperadamente una inexistente tabla de salvación.