Los 7 lustros de la Izquierda Democrática

César Augusto Correa

elcesarbelt@gmail.com

La Izquierda Democrática tuvo presencia en la historia del Ecuador entre 1972 y 2007, con el Dr. Rodrigo Borja como su fundador y conductor, quien llegó a la Presidencia del país justamente en el momento que se derrumbaba la poderosa Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), EE.UU. se convertía en la máxima potencia mundial sin rival alguno y ponía en marcha un despiadado retorno a los principios liberales del siglo XVII.

Rodrigo Borja nació en el Partido Liberal, que en el imaginario popular era una organización de izquierda. A partir de 1960 la Revolución Cubana, que eliminó la propiedad privada de los bienes de producción, «pateó el tablero» político latinoamericano, donde las tendencias marxistas se apoderaron de la izquierda y colocaron definitivamente a los partidos liberales en la derecha. Borja se salió del Partido Liberal y fundó la Izquierda Democrática en 1972, para buscar la justicia social sin dictadura.

En los años 60 la pequeña burguesía buscaba cauce, pues repudiaba el modelo cubano y rechazaba a la derecha que había dominado el continente manteniéndolo en una atroz pobreza. Esa «tercera posición» la capitalizaron la Democracia Cristiana y, en Ecuador, a partir de 1979, la Izquierda Democrática. Los dos partidos gozaron de las simpatías y apoyo de la naciente burguesía industrial, que también necesitaba reformas para ampliar el mercado y multiplicar el número de clientes para los productos de la industria.

Por esos tiempos, para impedir que las masas obreras fueran captadas por el Partido Comunista, la burguesía continental paliaba las miserias propias del liberalismo creando ciertas políticas sociales como mejorar la seguridad social, desarrollar programas masivos de vivienda, eliminar el precarismo en el campo, mejorar los servicios de salud y educación, dar cierta protección a los sectores más vulnerables de la población.

Una extremadamente débil Democracia Cristiana asumió el gobierno en 1981 y no pudo hacer ni la más pequeña reforma social ante la resistencia de la burguesía, que controlaba el Estado y que obligó al presidente Hurtado a «sucretizar» la deuda PRIVADA EXTERNA, deteriorando las condiciones de vida de los trabajadores, por lo que sufrió una demoledora derrota electoral en 1984. La opción que le quedaba a la pequeña burguesía fue la Izquierda Democrática, que llevó a la Presidencia a Borja en 1988, en el peor momento para ejecutar reformas sociales, porque con una URSS liquidada, el imperialismo no demoró un instante en impulsar un retorno al liberalismo puro, derogando toda conquista lograda por las organizaciones populares a lo largo del siglo XX. 

Borja no pudo más que resistirse a las privatizaciones y los retrocesos jurídicos en materia laboral y financiera. Actuó como el más severo árbitro en la lucha entre la burguesía y el proletariado, obligando a todos a respetar la Constitución y las leyes. Al final de su mandato, en 1992, una población desinformada, despistada, decepcionada, se inclinó nuevamente por la derecha, hasta 2007. 

Entre 1992 y 2007 los nuevos dirigentes de la ID no realizaron la adecuada oposición al neoliberalismo, llevándolo al partido a morir por consunción. 

En 2007 se posesionó como presidente Rafael Correa, quien hizo lo que el pueblo esperaba desde que comenzó la era petrolera, realizó lo que prometieron Roldós, la Democracia Popular y la Izquierda Democrática.