Latinoamérica y la travesía de la libertad

Campos Ortega Romero

campolin2010@hotmail.com

La madrugada del 3 de enero del presente año Estados Unidos lanzó ataques militares, bombardeos, contra Venezuela y capturó y derrocó al presidente Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores, la operación, denominada Operación Resolución Absoluta comenzó alrededor de las 2:00 a.m. hora local, cuando se observaron explosiones. En los próximos años, los países de la región tienen una importante tarea por delante: recuperar la confianza de los ciudadanos en sus instituciones públicas a través de una gestión transparente que minimice las opciones de corrupción. Y esto solo se logrará con Estados más transparentes, eficientes en el uso de los recursos públicos, que sancionen las irregularidades y que sean sensibles a las verdaderas necesidades de los ciudadanos.

El derecho internacional establece principios claros sobre la soberanía, la no injerencia y la autodeterminación de los pueblos. Pero la realidad geopolítica suele burlarse de esos principios. Las potencias actúan muchas veces al margen del Derecho, amparadas en sus intereses estratégicos. En el caso de Venezuela, el discurso estadounidense evocó la defensa de los derechos humanos y la libertad democrática, una narrativa familiar usada también en Irak, Afganistán, Libia…. Cuyos resultados han sido, cuando menos cuestionables.

La historia ofrece un ejemplo incómodo en los años 30 y 40 del siglo XX, las democracias europeas y Estados Unidos tardaron en reaccionar ante el ascenso de Hitler y la expansión nazi, cuando finalmente, intervinieron lo hicieron con la convicción de detener un genocidio y una amenaza global, pero esa guerra tenía un marco distinto; se trataba de una agresión manifiesta de un régimen contra múltiples naciones. ¿Es comparable ese escenario con la situación venezolana? ¿Puede justificarse una invasión por razones ‘morales’ o políticas, sin una agresión previa?

El dilema de Latinoamérica no termina ahí, nuestra región ha sido, desde el siglo XIX, campo de batalla ideológica entre dos grandes fuerzas hegemónicas el capitalismo liderado por Estados Unidos de Norte América y más recientemente los modelos socialistas impulsados por la exURSS, China, Rusia y aliados.

Ante esta realidad Latinoamérica urge de un nuevo proyecto político, económico y ético donde los educadores nos enseñen a pensar para impulsar un proyecto de dignidad, economistas que prioricen y sean un canto a la vida, para dejar a un lado los indicadores del FMI, políticos que nos conduzcan por un camino veraz, ciudadanos altivos, dignos que, con decisión y coraje, digan basta a los mesías de siempre.

Unirnos todos, hombres y mujeres para edificar nuestra propia identidad de días mejores para la Patria Grande llamada Latinoamerica, para nunca más constituirnos en patio trasero de las -grandes potencias-, todo esto para respirar aires de libertad, para salvarnos entre todos o hundirnos solos y fragmentados. Frente a esta realidad el doctor español en economía, Daniel Lacalle, señala: Varios países de América Latina están en una tormenta perfecta, hay fracaso económico y eso aumenta las frustraciones de la población. Hay problemas alrededor de la identidad y la tolerancia y se ha digerido mal la globalización. Muchas veces son naciones poco conectadas con el mundo, son naciones en cierto sentido parecen que quieren aislarse. Yo creo que el gran problema de las naciones iberoamericanas tiene que ver con el Estado de derecho, con la igualdad de las personas ante la Ley y con el compromiso con la división de poderes y por supuesto con la defensa de la propiedad. Esas podrían ser las grandes líneas de acción para recuperar nuestros países. Así sea.