Efraín Borrero Espinosa
Nací en el recordado “Barrio de la Sucre” en manos de Julia Esther González Delgado, la primera obstetra académica de Loja, graduada en 1923 en la Universidad Central con las máximas calificaciones. El pequeño barrio comprendía la calle Sucre entre Catacocha y Lourdes y era parte del tradicional barrio de San Sebastián en la parroquia urbana del mismo nombre. Por lo mismo, puedo decir que soy “Chabaco” de pura cepa.
Era un enjambre de distinguidas familias entre las cuales primaba el respeto como norma de convivencia. Fue una verdadera hermandad de vecinos a tal punto que algunos hijos de Emiliano Ortega Espinosa llamaban a mi padre “Tío Isauro”, haciendo ostensible su afecto.
Recuerdo algunas personalidades: Ángel Rubén Garrido, Emiliano Ortega Espinosa, Raúl Moisés Ruiz Bermeo, Leopoldo Victoriano Palacios Moreno; las hermanas Rosa Benigna, Zoila y Etelvina Jaramillo Carrión; Victoria Witt Añazco, Ramón Homero Correa, Luciano Lasso Ortega, Edmo Muñoz Custode, Alberto Neira e Isauro Borrero Riofrío, así como las familias: Cisneros, Mogrovejo, Atarihuana, Piedra, Bravo, Ludeña, Terán y Carrión.
Me he permitido evocar esos nombres con profunda añoranza, pero lo cierto es que San Sebastián ha sido cuna y hogar de preclaros lojanos, algunos de los cuales han trascendido a nivel nacional por su prestigio.
Los “Chabacos”, como se conocía a quienes nacieron o forjaron su vida en San Sebastián, somos orgullosos de nuestro terruño parroquial que se inicia en la calle Mercadillo con dirección hacia el sur de la urbe. Las razones sobran porque se trata de la primera parroquia eclesiástica urbana con enorme riqueza histórica, creada el 22 de marzo de 1705 bajo la responsabilidad del párroco Pedro Sánchez Orellana.
La plaza, rodeada de portales y casas con singular arquitectura que le dan identidad, es el centro de atracción barrial y parroquial, cuyo nombre se debe, según Alfonso Anda Aguirre, a la devoción al santo que data del origen mismo de Loja, desde su primera fundación con el nombre de la Zarza, que posiblemente fue el veinte de enero de 1547 en que se celebra las fiestas de este santo”. En Loja, su imagen es motivo de fe y esperanza, inspirando a quienes lo consideran su protector.
Cada elemento de la plaza tiene su historia, que en esencia es el resultado del esfuerzo comunitario. Comenzando por la Iglesia, vale recordar que fue construida gracias al empeño, entusiasmo y dedicación de Eliseo Álvarez Sánchez, un sacerdote ejemplar perteneciente a una familia benefactora. Fue designado párroco de San Sebastián en 1872 por cuatro períodos. Tenía devoción por la Virgen, especialmente en su advocación de la Inmaculada de Lourdes.
Se dice que Eliseo Álvarez deseó propagar esa devoción entre los lojanos y “se propuso levantar una iglesia junto al vetusto templo de San Sebastián que constaba de una sola nave oscura y un tanto funesta”, que sufrió las consecuencias devastadoras de un terremoto.
Durante años recorrió los campos de Loja y norte peruano predicando misiones y solicitando de puerta en puerta una limosna para su templo. Con ese aporte y su propio dinero, el cinco de septiembre de 1895 empezó a ubicar los cimientos de la nueva iglesia de San Sebastián. La edificación incluyó la Casa Parroquial que sirvió de escuela para los niños de su parroquia.
Hablando de este ilustre sacerdote, Pío Jaramillo Alvarado dice que en la inauguración del templo de Lourdes uno de sus más grandes éxitos fue establecer una feria comercial anual, de gran utilidad económica, la que siguió celebrándose por algunos años cada ocho de diciembre.
Al fervor religioso de Eliseo Álvarez se debe el nombre de la emblemática calle Nuestra Señora de Lourdes, la más atractiva de la ciudad porque nos traslada imaginariamente a una época de antaño y es muy visitada por los turistas.
De lo poco que quedó de la pequeña ermita derruida fueron las campanas, que según la investigadora Yolanda Ruiz Ortega, repicaron aquel dieciocho de noviembre de 1820, tañidas por el cura párroco de ese entonces, Carlos Samaniego, quien apoyó el movimiento independentista de Loja.
El templo de San Sebastián fue declarado Santuario Eucarístico Diocesano por el obispo de Loja Hugolino Cerasuolo, en 1996, con el propósito de incrementar la devoción al Santísimo Sacramento del Altar.
A continuación de la iglesia se encuentra el atractivo Mercado del Sur, cuya construcción se llevó a cabo en 1948 durante la alcaldía de Eduardo Mora Moreno, quien atendió el requerimiento del vecindario. Fue el segundo de la ciudad después del mercado central de abastos construido en 1905, situado en la calle dieciocho de noviembre y diez de agosto.
En el centro de la plaza se erige imponente la Torre de San Sebastián, conocida inicialmente como la Torre del Reloj, construida en 1957. El antecedente de su construcción se remonta al diálogo que en alguna ocasión mantuvo el Maestro Segundo Cueva Celi con el eminente sacerdote gonzanameño Lautaro Vicente Loaiza Luzuriaga, a quien la curia diocesana le encargó la parroquia Alamor perteneciente en aquel tiempo al cantón Celica. Durante largos años de apostolado y servicio social hizo posible la construcción de un hermoso templo adornado por dos torres, en cada una de cuales instaló un reloj con cuatro esferas, único en el país. El primero de noviembre de 1924 inauguró el reloj público de ocho esferas que hizo construir en Berlín, Alemania, constituyendo un hermoso atractivo turístico.
Lautaro Loaiza le comentó a Segundo Cueva Celi todo lo que hizo para la adquisición del reloj, encendiendo su fervor y entusiasmo, quien exclamó: ¡nosotros también lo podemos lograr para nuestra plaza! De hecho, comprometió el asesoramiento del prestigioso sacerdote.
Segundo Cueva Celi se entrevistó con el párroco Víctor Eguiguren Riofrío y le comentó lo conversado con Lautaro Loaiza. El entusiasmo del sacerdote era visible imaginándose una pequeña torre construida entre la iglesia y el mercado con el reloj de cuatro esferas.
Inmediatamente convocaron a algunos vecinos de San Sebastián conocidos por sus buenas acciones, entre los que se encontraban Ignacio Jaramillo y Manuel Antonio Piedra, a fin de socializar la iniciativa y establecer las tareas a cumplirse. En esas circunstancias surgió la necesidad de agruparse y constituir el Comité de San Sebastián para desenvolverse orgánicamente.
Solicitaron el apoyo de Zoila Rosa Vélez Ledesma, mujer de armas tomar y lideresa indiscutible que dejó una huella profunda de labor social, especialmente en la Cruz Roja Provincial. Ella aceptó el reto y planificaron la realización de una serie de eventos para recaudar fondos, algunos de los cuales se realizaron en la Escuela Miguel Riofrío. El apoyo económico de varios vecinos no tardó en llegar y finalmente se logró reunir la cantidad de dinero para la adquisición del reloj de cuatro esferas. Fue una tarea titánica, pero al mismo tiempo sirvió como medio para la cohesión del vecindario de San Sebastián y para fortalecer el espíritu de unidad entre sus moradores.
Las cajas permanecieron largo tiempo en la iglesia, ya que la falta de recursos económicos para la construcción de la pequeña torre entre la iglesia y el mercado que se había previsto, no permitió materializar el propósito final.
En 1955 llegó a la alcaldía por elección popular el ilustre abogado e intelectual lojano, Alfredo Mora Reyes, quien conocía perfectamente la existencia del reloj de cuatro esferas. Entonces tomó la decisión de construir en el centro de la plaza una torre coronada por el reloj, que haga honor al espíritu cívico de los moradores de San Sebastián y constituya un monumento emblemático que rinda tributo al movimiento independentistas de Loja.
Tiene una altura de treinta y dos metros y la construcción estuvo a cargo del distinguido profesional quiteño, Gustavo Trueba Barahona, quien fue requerido por la Municipalidad para que desempeñara la Dirección de Obras Públicas Municipales en el período 1956- 1958.
Es probable que por recomendación del padre Lautaro Loaiza, el relojero lojano, Francisco Castillo, se haya encargado de instalar la valiosa joya en la torre, ya que fue él quien hizo la instalación de las ocho esferas en la iglesia San Jacinto de Alamor
Años después, eldestacado maestro de las artes plásticas, pintor, escultor, muralista y poeta lojano, Estuardo Figueroa Castillo, se encargó de elaborar en la base de la torre grandes murales representativos de la ciudad y provincia de Loja, que hacen referencia a diversos hechos históricos
Aunque en realidad el Acta de Independencia de Loja se suscribió en la plaza central el diecisiete de febrero de 1822, por parte de ochenta y ocho personajes, es indiscutible el valor histórico del movimiento independentista generado en San Sebastián, a eso se debe que a la Plaza se la conozca como de la Independencia, que es la esencia del espíritu cívico y patriótico que anima a sus moradores.
Ese espíritu ha incidido también para que los “Chabacos” se organicen y luchen por el desarrollo de su parroquia, que sin duda es la más importante de la urbe lojana. Las mingas han sido frecuentes y las acciones para generar actividades productivas estaban a la orden del día, con ese propósito se creó el Comité de Feria Semanal de Loja, el 10 de enero de 1968.
Años después, el 6 de noviembre de 1977, Carlos Arrobo Carrión, destacado abogado, intelectual y músico, convocó en su casa de habitación a una reunión de vecinos de San Sebastián, con el propósito de crear el Comité Cívico de San Sebastián encargado de gestionar y trabajar por el adelanto cultural, social y material de la parroquia.
Los presentes lo eligieron Director y secretario a Rafael Erique Ortega. Los demás miembros de la directiva fueron: Ignacio Jaramillo Delgado, Lauro Mogrovejo Quevedo, Victoriano Palacios Moreno, Manuel de Jesús Lozano, Raúl Ruiz Bermeo, Antonio Chejín, Salvador Carrión Escaleras y Manuel Agustín Figueroa Sánchez. Los estatutos fueron aprobados por el Ministerio de Trabajo y Bienestar Social el 5 de octubre de 1978.
El trabajo que desarrollaron los miembros de la directiva y socios en general fue ejemplar y altamente productivo en el ámbito social. Las iniciativas brotaban con entusiasmo mirando siempre el interés común. Por ejemplo, Victoriano Palacios Moreno gestionó con Byron Eguiguren, que vivía en Estados Unidos, toda una dotación de medicinas e insumos para la apertura y funcionamiento del dispensario médico San Sebastián, que estaba ubicado detrás de la iglesia, en la calle Lourdes.
La expansión de la parroquia San Sebastián, con un territorio considerable, impuso la necesidad de proyectar una nueva visión y renovar la contextura jurídica del Comité Cívico, surgiendo de esta forma la Fundación Cívica San Sebastián, el 27 de septiembre de 2002, mediante resolución del entonces Ministerio de Bienestar Social.
Se trata de una de las instituciones sociales privadas más representativas en el contexto local, cuya finalidad es aportar al rescate de los valores cívicos, culturales, sociales y morales de la comunidad. Con fecundas acciones ha organizado campañas de civismo conjuntamente con instituciones públicas y privadas de la ciudad, además de contribuir en la recuperación de tradiciones, como la celebración de la fiesta anual del Santo Patrono Jurado de Loja, que cada vez es más solemne y constituye un acontecimiento local.
No me equivoco al asegurar que la ciudad de Loja es la única en el país que cuenta con una prestigiosa institución jurídica privada encargada de velar por los más altos intereses de su jurisdicción parroquial. También estoy seguro que a lo largo del tiempo han sido muchos los personajes que con pasión, denuedo y vehemencia han dedicado el mejor tiempo de su vida a ese noble propósito.
No me atrevo a mencionar nombres por el inminente riesgo de cometer omisiones, pero es imprescindible que la Ilustre Municipalidad de Loja los recate para preservarlos en la memoria colectiva de los lojanos.
