Diego Lara León
El 18 de febrero de 2022 escribí un artículo que lo bauticé como: “La frontera Ecuador-Perú ¡ábranla ya!”. Parte del artículo decía: “En palabras sencillas, una frontera es aquella línea definida por los países, que de común acuerdo con el país vecino indican donde empieza y donde termina nuestro territorio.
Sin embargo, estas fronteras nunca han limitado, menos prohibido la interrelación entre personas que viven a ambos lados de la frontera. Es más, las conocidas zonas de frontera, son espacios territoriales que tienen una riqueza cultural, comercial, natural y social especiales; son la sinergia de dos culturas, de dos realidades diferentes pero comunes.
Cuando alguien pregunta ¿de qué viven los territorios de frontera? La respuesta siempre será la misma: “las zonas de frontera viven principalmente de la integración fronteriza”, del intercambio comercial. Por mas que haya frontera, estos territorios practican la unión, las relaciones personales, familiares, productivas y culturales.
Nunca se podrá eliminar o suspender por decreto una dinámica social y productiva entre dos territorios tan cercanos entre sí, pero algunos insisten con decisiones políticas y no técnicas en convertirlos en tan lejanos entre sí.
Nuestros tecnócratas capitalinos desde su cómodo espacio a centenas km de la frontera indican que “aún no es el momento”. ¿Cuándo será el momento? Estos tomadores de decisiones en materia de migración y control fronterizo ¿conocerán que la frontera está cerrada por arriba del puente, pero está “abierta” por debajo de ese mismo puente?; es decir, el paso formal está cerrado, pero están abiertos un sinnúmero de pasos clandestinos. Hay que leer y conocer lo que ha pasado en momentos donde se han cerrado las fronteras para darnos cuenta cual es el problema que se genera con una decisión que se toma. Si nosotros prohibimos una actividad formal, inmediatamente se abren actividades clandestinas. ¿El Estado tiene los recursos técnicos, humanos, logísticos y financieros para controlar que no se generen actividades clandestinas? La respuesta es obvia, el Estado no tiene los recursos, entonces ¿para que prohibir algo que no se puede hacer cumplir? Al parecer esto tan obvio no lo entienden o no lo quieren entender nuestros tecnócratas.” Hasta ahí parte del texto que escribí hace cuatro años.
Lejos de cualquier pronóstico, y desde el 24 de diciembre de 2025, nuevamente la frontera está cerrada, según las autoridades nacionales, por “seguridad nacional”.
Otra vez, la decisión de cerrar la frontera, es tomada desde la comodidad del centralismo, sin tener ni idea de la realidad de la frontera.
“Los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla.”
La seguridad nacional sin lugar a dudas es una enorme preocupación dadas las circunstancias actuales, la seguridad es tarea de todos, pero fundamentalmente del Estado. En el sur del Ecuador existen cinco pasos de frontera autorizados (Huaquillas, Lalamor, Macará, Jimbura y La Balsa), si hablamos de seguridad, el paso de frontera más inseguro (y de lejos) es el de Huaquillas. Si es el más inseguro, ¿no debería haberse cerrado aquel?
¿Los delincuentes, contrabandistas o terroristas usan el paso formal de frontera para ingresar al país?
Si existen 5 pasos de frontera formales, pero decenas de informales ¿por dónde pasarán las personas irregulares e ilegales, por los formales o por los informales?
Si en el 2021 y 2022, y con pandemia incluida, se activaron los pasos clandestinos, ¿ahora se activarán? La respuesta es obvia.
La sociedad que hace patria desde el cordón fronterizo, anhela regresar a su normalidad, es decir, a tener fronteras vivas e integradas. Es de sabios rectificar, es de estadistas corregir. Los pueblos fronterizos ya han sido golpeados por la historia y las decisiones centralistas, no es justo que sigan sufriendo.
Como lo clamaron nuestros vecinos fronterizos hace casi cinco años, ahora lo vuelven a clamar, ¡abran la frontera ya!
@dflara
