
Han transcurrido 31 años de la Gesta del Cenepa, episodio que marcó con fuego la memoria militar ecuatoriana. Quienes enfrentaron el conflicto recuerdan la contienda con orgullo, nostalgia y pesar, debido a la pérdida de camaradas, las heridas sufridas y el desenlace diplomático que, afirman, significó la cesión de territorio tras la firma de la paz.
Historia
En enero de 1995, el Perú, bajo el argumento de ocupar suelo propio, lanzó ataques contra destacamentos ecuatorianos ubicados en el valle del río Cenepa, al sur de la Amazonía. La ofensiva fue en un área no delimitada de la frontera definida por el Protocolo de Río de Janeiro de 1942, lo que intensificó el enfrentamiento armado entre ambas naciones.
El 26 de enero cayó abatido por fuego enemigo el soldado Vicente Arnulfo Rosero Palacios, considerado el primer héroe del conflicto. Su muerte se convirtió en emblema del sacrificio supremo. Ese mismo día, el Grupo de Fuerzas Especiales N.º 26 del Ejército ecuatoriano logró repeler a una patrulla peruana que intentaba instalar un helipuerto en territorio del Cenepa, consolidando una acción decisiva en la defensa nacional.
Los combates continuaron y el 28 de enero, las fuerzas peruanas intensificaron los ataques sobre posiciones ecuatorianas en la cabecera del río. Posteriormente, hubo combates en Tiwintza, Cueva de los Tayos, Base Sur y Coangos. Las unidades resistieron con determinación, manteniendo sus posiciones en condiciones extremas de terreno y clima.
Protagonismo
Entre los protagonistas estuvo el sargento primero en servicio pasivo Jorge Alfredo Ponce, quien en aquella época se desempeñaba como sargento segundo de Infantería del Batallón de Selva 63 “Gualaquiza”. En testimonio exclusivo para Diario Crónica, relató que los primeros indicios de tensión surgieron en diciembre de 1994, cuando suspendieron las vacaciones y les ordenaron el traslado de tropas al sector Cóndor Mirador como medida preventiva.
El militar comandaba a medio centenar de efectivos y operaba junto a un escuadrón de morteros. “Recuerdo que, durante la madrugada de cierto día, fuimos bombardeados alrededor de las 03h00. Gracias a una alerta previa de Inteligencia Militar, el personal ya estaba disperso en distintos puntos estratégicos para evitar bajas”.
“Lo que sí recuerdo muy claro, es que, a unos 20 metros de mi ubicación impactaron dos minas de mortero, cuya explosión dejó cráteres de varios metros de profundidad. Aunque el ataque no provocó heridos, el escenario evidenció la crudeza del enfrentamiento. Tras las verificaciones posteriores, solo quedaron escombros y huellas de la agresión”, relató.
Para el héroe del Cenepa, sobrevivir representó una satisfacción íntima en medio de la tragedia. Señaló que cada combatiente partió dejando hijos, esposas y padres, con la convicción de que quizá no regresaría todo por defender la patria. Sin embargo, expresó profunda indignación por el tratado de paz firmado posteriormente por los presidentes Jamil Mahuad y Alberto Fujimori, al considerar que los límites fronterizos se establecieron donde ellos quisieron.
“El sacrificio de quienes ofrendaron la vida quedó desvirtuado por decisiones políticas que ignoraron el esfuerzo militar. Aun así, recuerdo la gesta como un acto honorable que devolvió a muchos combatientes el espíritu de su juventud, aunque acompañado del dolor por lo perdido en los despachos y no en el campo de batalla”, añadió.(I).
El sargento en servicio pasivo Jorge Alfredo Ponce tuvo a su cargo 50 personas, perdió dos por causa de minas.
Han pasado 31 años de la Gesta del Cenepa.
