El pensar nos hace libres

Benjamín Pinza Suárez

La velocidad con la que el cerebro, actualmente, es bombardeado por una lluvia constante de información, anula toda capacidad de procesar esa información, seleccionarla y asimilarla a efectos de generar juicios de valor, reflexiones y criterios de verdad. Crecemos repitiendo ideas que no elegimos, creencias que llegaron antes que nosotros. No verificamos, no contrastamos, aceptamos ciegamente cualquier versión, administrando criterios ajenos y renunciando a pensar con cabeza propia.

Opinamos sin conocer y comprender nuestra realidad y llamamos pensamiento a la repetición de lo que ya está dicho. La mayoría de las ideas no nacen en nosotros. Nuestra mente es moldeada desde el entorno, desde lo alto, desde el poder, desde los medios de comunicación. Se nos concede una ilusión de libertad dentro de un marco que nunca se cuestiona. Y así, el derecho a pensar existe solo mientras no te atrevas a romper el statu quo, a romper los esquemas, los dogmas, las mentiras que te han impuesto, mientras no incomodes al gobernante de turno. Y no nos damos cuenta que pensar de verdad implica dudar de lo primero que se nos dice, es decir, aplicar la duda metódica descartiana.

Cuánta falta hace estudiar a cabalidad la dialéctica hegeliana por ser un método de razonamiento y de interpretación de la realidad, que se basa en la idea de que todo proceso del pensamiento o de la historia avanza a través de tres momentos: La tesis que es la afirmación, es un concepto, idea inicial que se presenta de manera simple y abstracta, pero que en sí mismo contiene sus propias limitaciones y contradicciones ocultas. La antítesis que es la negación, es decir, la contradicción que surge de la tesis, es el momento de la oposición, del conflicto que fluye de lo que se afirmó inicialmente. Y la síntesis que es la negación de la negación, esto es, una forma superior que a pesar de conservar lo válido de la tesis y la antítesis, las supera y las unifica en una realidad más completa, capaz de llevar al pensamiento a un nivel superior de verdad.

Para el filósofo Hegel la realidad no es estática, sino un proceso dinámico de cambio. La contradicción supera el conflicto, es un proceso que dirige a la humanidad hacia una mayor libertad y autoconsciencia, porque es una lógica que describe el desarrollo de la realidad, de la historia, del pensamiento a través de un proceso de contradicción y superación articulado. Para Hegel la realidad, la naturaleza, la historia, el mundo se desarrolla dialécticamente, en un flujo continuo de transformación, siendo la contradicción el motor principal que, al producir el choque dialéctico de las ideas, éstas se van refinando y afinamiento, esclareciendo, perfeccionando hasta lograr obtener la verdad de las cosas.  De manera que, la contradicción no es un error sino la fuente del movimiento y del desarrollo, que impulsa la evolución de los conceptos y de la realidad misma.

Por lo tanto, no podemos imponer cualquier visión de la realidad y suponer que siempre va a funcionar así. El ciclo de percepción y acción no puede mantenerse de manera totalmente arbitraria al menos que se conspire para seguir manteniendo a toda costa las cosas tal como están. Es evidente que la verdad sale a la luz porque nada hay oculto bajo el sol y tarde o temprano tendrá que pagarse el costo de mantener engaños, mentiras prefabricadas y una visión falsa de nuestra realidad.