Benjamín Pinza Suárez
La economía de Loja ha mantenido por largo tiempo un vínculo histórico y estructural con el norte peruano, especialmente con Piura y Lambayeque debido a su ubicación geográfica y sus dinámicas de integración social y comercial. La integración no solo ha sido comercial, sino también familiar y social, consolidando un corredor histórico entre Cuenca, Loja y Piura. Por supuesto que Loja funcionó como nexo clave entre Quito y Lima durante la colonia, articulando, primero, centros mineros luego el de la cascarilla que impulsaron su economía al lograr conectarse con los mercados del sur. Tras la firma de la paz en 1998, se pasó de décadas de conflicto a una etapa de cooperación política y económica que facilitó el desarrollo fronterizo y el intercambio bilateral, mediante las ferias fronterizas, el flujo turístico y de las mercaderías.
Partiendo de este contexto histórico de la dinámica de la economía lojana, es que podemos sostener que el cierre de nuestras fronteras genera impactos multidimensionales que afectan la supervivencia de las economías locales. De acuerdo a informes de organismos internacionales, el cierre en Rumichaca registra pérdidas entre 1.5 millones de dólares de exportación y hasta 2.5 millones de dólares en importaciones. El bloqueo de rutas terrestres genera “puntos de estrangulamiento inflacionistas”, aumentando los costos operativos y reduciendo la competitividad de las empresas al encarecer los productos terminados.
Estos cierres causan de forma inmediata incertidumbre y gran preocupación en el campo de las políticas comerciales y en la fragmentación del comercio, al provocar caídas del 40% de los ingresos de medianos y pequeños negocios y una disminución del 70% de clientes en los mercados locales. A ello hay que sumar que el impedimento del paso de mercaderías perecederas afecta la dinámica agrícola de las zonas limítrofes donde la economía depende del intercambio diario, a más de generar desigualdades regionales, perjudicando más a provincias como Loja que depende más del acceso a mercados vecinos. Estos cierres inconsultos tienen impacto inmediato en el comercio bilateral y en la movilidad de ciudadanos. Al afectarse el intercambio comercial entre vecinos se producen pérdidas mutuas, por ello el exministro de Comercio Exterior y Turismo del Perú, Edgar Vásquez asevera que el Perú exporta a Ecuador diariamente productos por un valor de 3 millones de dólares y a su vez, importa de Ecuador más de 4 millones de dólares.
Otro sector gravemente afectado es el turismo, por ser el Ecuador el tercer mayor emisor de turistas hacia el Perú. Se estima que el 7% de turistas ingresa al Perú por la frontera norte, casi 800 ciudadanos diarios ingresan al Perú a realizar compras, a conocer los sitios turísticos y a visitar las playas. Estos cierres mantienen especialmente a los emprendedores, comerciantes y al sector turístico de los cantones de Macará y Zapotillo en la incertidumbre, por ser ellos los que reciben el mayor perjuicio para sus escazas economías. Pero lo que más llama la atención es el hecho de que no haya hasta el momento una reacción conjunta, solidaria y legítima de reclamo por parte de las autoridades seccionales, de las cámaras, de las universidades, de los gremios de transporte y más sectores representativos; pues, el cierre de nuestras fronteras no solo afecta la economía de los habitantes que están en la línea fronteriza, sino a toda la economía provincial.
