Efrén Sarango
He pensado inútilmente
en poner fin al trabajo,
pero miro, ¡qué carajo!
que el bonito no se siente.
No es regalo, es nuestra plata
guardadita muchos años,
por lo tanto, no me engaño
y prosigo dando lata
Yo no puedo jubilarme;
solamente renunciar,
con un monto de a llorar
que pretende estrangularme.
Ayayay, ya no hay platita
como antaño, don Vicente,
se esfumo tan de repente
por la crisis re maldita.
Desprovisto del apoyo
financiero del Estado
voy y vengo muy cabreado
en los límites de un hoyo.
Y los años trabajados
con pasión año tras año
se disuelven por el caño
del olvido más malvado.
Los recursos se agotaron
y la lista crece y crece
a tal punto que parece
que en verdad se chispotearon.
Hay algunos profesores
que perdieron la esperanza
porque plata ya no alcanza
para todos los sectores.
Este asunto está peludo
y se alarga con los años
…ayayayay, qué desengaño!
dijo triste ayer un mudo.
El derecho se vulnera
por la culpa del dinero
en un pueblo petrolero
don gasta a su manera
Nadie sabe si es seguro
que en dos años se mejora,
este asunto que a la hora
de la hora está muy duro.
Hay muchísimos amigos
que prefieren renunciar
a sus puestos y buscar
su descanso y otro abrigo.
Es posible que reciba
de pensión y por completo,
el sueldito y un boleto
de un crucero a la deriva.
Algo es algo dijo un lento,
por lo menos recibimos
el sueldito cien por ciento
aunque el bono ya perdimos
