La Liga de Caridad de Loja y sus 86 años de bondad

Santiago Armijos Valdivieso

Fue hace poco que visité la Casa de Cuidados Paliativos, dirigida y auspiciada por el corazón gigante de la Fundación Liga de Caridad de Loja. Esta digna edificación, producto de la bondad y solidaridad lojana, se ubica en el barrio La Pradera, al sur de la ciudad, en la que residen veinticinco personas con graves padecimientos de salud, muchos de los cuales tienen avanzada edad, y están bajo el cuidado afectuoso y profesional del personal de la fundación. En mi visita fui recibido por Lorena Aguirre Riofrío, digna presidenta de la entidad y principal responsable de hacer que no se detenga esta plausible labor benéfica, cuyos inicios se remontan a hace 86 años. La presidenta gentilmente me invitó a recorrer las instalaciones que acogen a quien más lo necesita. Todas llenas de pulcritud, dignidad y plena organización. En el patio principal saludamos con las tiernas y vulnerables personas que viven ahí. En ese momento, estaban tomando los rayos del sol que generosamente se cernían en una enorme claraboya, bajo la atenta ayuda de enfermeras, religiosas y personal de apoyo. En el ambiente se respiraba alivio, cariño y bondad humana, lo cual me hizo entender que, a pesar de los numerosos bemoles humanos, la esperanza y la solidaridad no son solo lejanos e inalcanzables ideales, sino que son de carne y hueso. Lo que sucedía aquella mañana inolvidable era un cristalino ejemplo.

La historia de la Liga de la Caridad de Loja se inicia un 13 de marzo de 1939 por feliz iniciativa de los esposos Agustín Samaniego y Elisa Burneo, quienes anhelaban la existencia de una organización social al servicio de los sectores más necesitados de la ciudad.  Venturosamente, la encomiable idea tuvo eco en el corazón de un grupo de damas, quienes, al organizarse y con el ánimo de encontrar una fuente de constante financiamiento para cumplir la labor social, decidieron crear y vender tarjetas de acompañamiento y pésame en homenaje espiritual de quienes fallecían para ser enviadas a los deudos en los velorios. Más adelante, y hasta hoy, a estas tarjetas se las conoce como “tarjetas de Liga de Caridad”, las cuales han sido adquiridas por muchos lojanos para expresar respeto, cariño y pesar por quien ha partido a la morada eterna y, adicionalmente, para colaborar económicamente con la maravillosa obra de ayuda social que cumple la Fundación Liga de Caridad.

Penosamente, me decía Lorena Aguirre, la compra de estas tarjetas de la solidaridad espiritual y económica cada vez es más escasa, en perjuicio de tanta necesidad de los que menos tienen. Por supuesto, esto de ningún modo ha quebrantado el espíritu de trabajo y la sed de hacer el bien de este bienhechor grupo de damas lojanas que se cobijan en la Fundación Liga de Caridad de Loja. Ellas, contra viento y marea, valiéndose de un hercúleo trabajo de golpear puertas y corazones y con el aporte generoso de las socias y otras personas altruistas, persisten en continuar realizando esta ejemplar labor, cuyo logro más grande es hacer que funcione con acierto, organización y esmero la Casa Hogar de Cuidados Paliativos.

En homenaje a todo ello, desde este espacio de opinión aplaudo y celebro un nuevo aniversario institucional de la Fundación Liga de Caridad, sin dejar de expresar mi enorme admiración y respeto a todas y cada una de las dilectas damas que la integran. Hago votos fervorosos para que muchos lojanos se sumen a esta suerte de cruzada que ellas libran contra el dolor, la enfermedad y la desesperación de nuestros semejantes. Para empezar, y honrar su tarea de manera objetiva, sería muy bueno que los lojanos volviéramos a adquirir las “tarjetas de Liga de Caridad” para expresar nuestro pesar a la hora del viaje sin fin de algún amigo o familiar. Asimismo, qué grandioso sería que, cuando de donar se trate, tengamos como prioridad a esta entidad benéfica.

Más allá de cualquier credo o ideología, la caridad y el trabajo solidario son las exteriorizaciones de que el alma existe y de que la especie humana aún alberga luz y bondad para seguir adelante.