Numa P. Maldonado A
Las altas cifras de consumo de drogas a nivel mundial (6% de la población: unos 316 millones de personas), con tendencia al alza, se debe sin duda alguna a la gran demanda, principalmente en EUA, Europa y América Latina. Consumo ubicado, por un lado, en un gran número de países desarrollados y, de otro, en América Latina y el Caribe, la megarregión con mayor desigualdad social. Esta peculiar circunstancia permite esbozar una primera gran conclusión: la drogadicción en permanente ascenso, estrechamente ligada al narcotráfico, el crimen organizado y la narcocultura, ha sido y es facilitada (y apoyada muchas veces) por los gobiernos e instituciones nacionales de gran parte de los estados y los países del mundo. Y, de manera indirecta, consciente o inconscientemente, por el resto de la sociedad, que elige mandatarios o soporta regímenes totalitarios.
Una conclusión incómoda pero objetiva, que conduce a plantear dos vitales interrogantes: ¿Es posible solucionar este terrible “autoflagelo”? ¿Cómo?
Para intentar responder a la primera inquietud, apelemos a dos ejemplos:
1.La introducción a la fuerza del opio en China (mediados del siglo XIX) disparó el consumo de droga, principalmente opioides, en el gran país asiático, a un 40% de la población, según varias fuentes; pero hoy llega a unos siete millones de adictos, un 0,0005%
2.El alcoholismo en la población indígena de la Sierra Norte y Centro, durante la larga época de la hacienda en Ecuador (siglos XVIII, XIX y primera mitad del XX), sumió a este sector étnico en una lamentable situación de adicción y sometimiento (La novela Huasipungo de Jorge Icaza, 1934, es una clara y valiente denuncia). La proyección atenuada de esta triste situación la observé a finales de los 50, en la población indígena del pueblo Saraguro de la parroquia San Lucas (provincia de Loja): en la vía carrozable a Cuenca, que atravesaba el poblado, frecuentemente se veía un triste espectáculo: esposos ebrios junto a sus pequeños hijos, tomando trago al pie del talud….
En ambos ejemplos, la adicción a las drogas (opio y alcohol), considerada una compleja enfermedad mental, frecuentemente inducida, fue controlada por medidas igualmente complejas para cada caso, conducidas por diferentes tipos de liderazgo: totalitario (China, Mao Zedong) y espiritual (Monseñor Leonidas Proaño, 1910-1988, el obispo de los indios” ).
Un ejemplo actual: Singapur, uno de los países más pequeños del mundo (una isla grande y varias pequeñas:730 km2) y limitados recursos naturales, en 60 años de independencia, conducido por Lee Kuan Yew, de pequeña aldea pesquera y puesto comercial colonial se convirtió en una de las naciones más prósperas, modernas y ricas del mundo: su política de control de drogas es muy estricta, incluye penas de muerte, azotes y largas condenas de prisión …
En la próxima entrega nos referiremos al segundo interrogante: ¿Cómo controlar el consumo de drogas?
