P. MILKO RENÉ TORRES ORDÓÑEZ
Una lectura atenta del Evangelio según san Juan deja en nuestro interior muchas preguntas. La cristología de este relato es descendente. El Verbo Encarnado, baja del Cielo para quedarse con nosotros. Desde el prólogo, el autor, quiere llevarnos a interrogarnos en torno a la identidad de Jesús. Algunos relatos, como el de las bodas en Caná de Galilea, o el discurso del Pan de Vida, nos invitan a descubrirlo. En su pedagogía, san Juan presenta a Jesús como el Buen Pastor. Utiliza comparaciones tomadas de la atenta observación de la realidad. Ha visto en los campos al pastor que cuida sus ovejas.
Da la vida por ellas. Ellas escuchan su voz y lo siguen. Sienten un susurro interior que les garantiza seguridad y una vida en plenitud. Jesús, enviado del Padre para que proteja a su rebaño, nació en un lugar humilde, en Belén. Entre la soledad y el frío de una noche de invierno, José y María, recibieron el afecto de personas sencillas, pastores del campo, con corazón abierto a la fraternidad y dispuestos a difundir un mensaje de paz que debía llegar a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Jesús, enseña el autor sagrado, entra por la puerta. Es libre para salir, caminar delante de ellas, alimentarlas y llevarlas de regreso al redil, su hogar diario. La voz del pastor, tan familiar como el pan de cada día, alimenta su rutina y enriquece su quehacer habitual.
La otra cara del pastor, según la describe san Juan, es la del ladrón, bandido, que no entra por la puerta, sino que asalta para robar y hacer daño. Las ovejas desconocen la voz de los extraños. La enseñanza de Jesús, muy clara que un sol de mediodía, cautiva, sorprende, pero requiere de una explicación sosegada. Jesús habla a sus detractores, los fariseos, con un lenguaje que hiere su orgullo. Les dice: “Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes que yo, son ladrones y bandidos, pero mis ovejas no los han escuchado”. Jesús es el Camino, signo de seguridad, la Vida, plenitud de salvación, y la Verdad que no la puede ocultar nadie. El Verbo “vino a los suyos, pero ellos no lo recibieron”.
Él es la luz, sin embargo prefieren vivir en tinieblas. La misión de Jesús, como síntesis de está parábola, la resume el Evangelio con está frase: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. Jesús, reúne con sus acciones, obras y palabras, la totalidad de un amor que no discrimina, separa o condena. El Buen Pastor ama a sus ovejas con un corazón misericordioso. El autor del salmo 22 canta, con alegría, al guía y protector de su pueblo: “El Señor es mi pastor, nada me faltará. Aleluya”.
El corazón de Jesús, lugar de encuentro y regocijo, es la fuente tranquila en la que hay agua, alimento. En ella, la oveja repara sus fuerzas. El pastor prepara la mesa, sirve con amor desinteresado. La imagen de Jesús, descrita en la Biblia, llena de bendiciones los proyectos de cada persona que escucha la invitación a seguirlo. Jesús nos llama.
