Luis Antonio Qhizpe
Equívocamente se dice: «hoy se han perdido los valores». Pero, no es así porque ellos están ahí. Lo que sí hay una crisis de vivencia de valores. No se los practica en el hogar, en la escuela, en el colegio, en la universidad, en las instituciones, en la política, en el gobierno. Pese a que los valores son principios y normas que guían nuestro comportamiento y determinan nuestras elecciones, influyendo en nuestra satisfacción y plenitud, sin embargo, no se los vive; cada día se esfuman el respeto, la justicia, la honestidad, la responsabilidad, la tolerancia, la lealtad, la prudencia, la solidaridad, la empatía, la humildad, la perseverancia, la integridad.
Más bien se generalizan los antivalores, o sea aquellas conductas o actitudes de los seres humanos que resultan dañinas y negativas para los demás. Aquellas creencias que se consideran correctas y que, según el punto de vista ético, moral y de tradición cultural, son nocivas para la convivencia humana como la mentira, el egoísmo, la deshonestidad, el engaño, el desprecio, la arrogancia, la injusticia, el odio, la deslealtad. Por ventura estas actitudes se enraízan en todos los estamentos sociales, instituyéndose la corrupción.
Contra estos actos dañinos al comportamiento humano está la lectura de buenos libros, porque la lectura no solo es una forma maravillosa de sumergirse en aventuras y fantasías, sino que también es una herramienta muy poderosa para enseñar valores a los niños. Los cuentos infantiles y aquellas obras para adolescentes y jóvenes, tienen el poder de transmitir importantes lecciones de vida, que ayudan al niño y al joven a entender y adoptar virtudes y principios como la honestidad, la generosidad, el respeto, la valentía. Por ello, exploraremos los tipos de libros que deben ser leídos para fortalecer los valores.
La idea de tratar el tema, a través de la literatura es con la finalidad de ayudar a interiorizar y vivir los valores en el día a día, en el hogar, en la escuela, en el colegio, en la universidad, en la calle, en el vecindario, en la sociedad, es decir, construir valores en la propia vida. Porque «los valores interpelan, desafían, hacen vivir: si se consigue practicarlos en la vivencia personal, constituyen el único y verdadero estado del bienestar y de la felicidad humana», sostiene Villapalos Gustavo. En tanto que, la práctica de antivalores destruye las bases morales de una sociedad.
