Carta al cielo a Santiago Guachizaca

Diego Lara León

Te conocí cuando eras Director de Seguridad del Municipio de Loja, un día llegaste a mi oficina, con una enorme predisposición de apoyar la ejecución de la agenda de 194 Feria de Loja.

Nunca pasaste por desapercibido, no solo por tu gran estatura, sino por tu carisma, fuiste un hombre de fácil conversación, de buen verbo y muy ágil para construir ordenados y acertados criterios.

Pese a tu juventud, sabías gestionar y dirigir a tus colaboradores en las reuniones. Yo, como profesor viejo, detecté ese don, que pocos lo tienen.

Tiempo después coincidimos en un evento en el Teatro Benjamín Carrión, ahí pude conocer al intelectual y al idealista. Me contaste de tu amor por la ciencia y por el estudio, coincidimos en el criterio que: “cada vez que estudiamos más, sabemos menos”.

Meses más tarde nos encontramos en el vestíbulo de un medio de comunicación. En un minuto, uno de esos minutos que se recuerdan para siempre, me contaste de tus ideales, me dijiste que la política te atraía y que servir a Loja desde la asamblea sería tu reto, sin duda estabas preparado para esa tarea, pero por esas cosas que tiene la democracia no llegaste en aquella ocasión.

A partir de ahí, fuiste generoso conmigo y siempre recibí a tiempo tus mensajes de feliz navidad y año nuevo en mi teléfono, mensajes que yo respondía con aprecio.

Nuestra última conversación fue el 6 de enero de este año, y como siempre, fue una charla de un minuto, como quisiera hoy que ese minuto haya sido más largo. Me contaste que te sentías preparado para ser Alcalde de Loja, que tu ideal de vida era servir a esta tierra que es “la tierra mas linda de la tierra”, que la candidatura era una decisión tomada. Lo dijiste mirándome a los ojos, yo en tus ojos vi seguridad y convicción. Los ojos no mienten decía mi abuela, y los tuyos decían la verdad.

Al finalizar ese minuto, ya que debías entrar a una entrevista en la misma cabina de radio de la que yo acababa de salir, nos dimos un abrazo de año nuevo, un abrazo disparejo, como suele ser un abrazo entre una persona de 1,74 metros como yo y una de 1,90 metros como tú. Te deseé “buen viento” en el nuevo año y en tu proyecto político, nunca pensé que esa sería mi última conversación con tan especial ser humano. Ojalá mis buenos deseos hoy te ayuden, aunque sea un poquito, a alcanzar muy pronto la plenitud.

Estaba fuera de Loja, cuando leí la noticia de tu partida, mi primera sensación fue de incredulidad, como entiendo fue la de muchos, quizá es una noticia falsa pensé, de esas que hoy abundan. Luego por la tarde leí la confirmación de tu fallecimiento.

¿Por qué muere la gente buena tan pronto? es una de las preguntas que hacemos cuando alguien joven se va. Puede haber muchas explicaciones, pero para quienes creemos en lo divino, estamos convencidos que las personas mueren cuando cumplen su misión y por lo tanto deben transcender.

La gente que deja huella cumplió su tarea en esta vida. Tú, desde un plano diferente, ojalá hayas podido ver y escuchar las muestras de cariño y respeto de tanta gente, conocida o no, que compartió el dolor de tu partida.

Ojalá, la política actual, en honor a ti y a tu forma de practicarla, sea a partir de ahora un poco menos violenta, menos cruel, menos perversa y menos egoísta.

Mi abrazo y solidaridad a tu familia, a quienes no conozco, pero que comparto su dolor, yo me quedo con ese gigante ser humano a quien llegué a conocer y apreciar en tan pocos minutos que logramos coincidir en esta vida.

Vuela alto Santiago, ojalá lo que sembraste con tanta ilusión pueda cosecharse.

Te escribo este editorial desde un avión, a más de 12.000 metros de altura, quizá desde aquí te llegue más rápido mi mensaje, porque estoy convencido que debes estar en el cielo, lugar maravilloso donde dicen que va la gente buena.

Que descanses en paz querido Santiago!!!

                                                                       @dflara