Moquillo canino: una amenaza letal que roza el 90% de mortalidad

A black dog sitting on a veterinary examination table, being tested for distemper. A gloved hand is holding a distemper test kit in the foreground.
«Llaverito», can rescatado por una fundación de animales que ingresó el 4 de abril por moquillo y retornó el sábado 30 de mayo para su respectivo control médico.

El distemper o moquillo canino se mantiene como una de las enfermedades virales más agresivas y peligrosas para las mascotas. Dependiendo de la agresividad de la cepa, edad del paciente y las defensas del animal, este virus podría alcanzar una tasa de mortalidad del 90%, afectando con especial severidad a los cachorros.

Enfermedad

Esta patología se provoca y se propaga, principalmente, por no tener el esquema de vacunas al día en el perrito. Al estar desprotegido, el virus, que es altamente contagioso, ingresa por vías respiratorias a través de secreciones y fluidos de otros animales infectados. De igual manera, puede transmitirse de forma transplacentaria de la madre a los cachorros.

Al carecer de una cura definitiva, la enfermedad ataca de forma progresiva. Transita primero por una etapa digestiva (vómitos y diarreas) y una respiratoria (tos y secreciones oculares o nasales), hasta culminar en la temida fase nerviosa o neurológica, donde se presentan tics y convulsiones.

En entrevista con Diario Crónica, Mónica Montero, propietaria de la veterinaria «Teckelvet», explicó que, aunque tradicionalmente el tratamiento se ha limitado al control de los síntomas físicos, hoy existen alternativas farmacológicas innovadoras.

No obstante, la especialista aclaró que el éxito de estos tratamientos no es una regla general para todos los perros. La recuperación real depende de la respuesta del sistema inmune de cada paciente y de qué tan avanzado esté el virus al momento de la consulta.

«En nuestra clínica hemos trabajado con un nuevo medicamento que ayuda a cortar la replicación viral, incluso en la fase neurológica, pero cada caso es único», señaló al referirse que este fármaco es administrado por vía subcutánea cada ocho horas durante tres días, con un costo aproximado de USD 150 para canes pequeños.

La profesional enfatizó que cuando el virus es detectado a tiempo y el paciente responde favorablemente al manejo médico, el perro puede de igual forma estabilizarse y mantener su expectativa de vida normal de hasta 15 años.

Para lograrlo, es indispensable garantizar una nutrición de calidad, suplementos específicos que desinflamen la zona neural y el cumplimiento riguroso de sus cuidados diarios.

Por otro lado, en hogares con múltiples mascotas donde una resulte positiva, recomendó el aislamiento inmediato y una cuarentena estricta para el resto de los animales, puesto que el periodo de incubación oscila entre 8 y 15 días antes de manifestar los primeros síntomas.

Montero contrastó la diferencia económica y afectiva que existe entre la prevención y la emergencia: mientras una vacuna promedia los USD 15, un tratamiento integral para intentar salvar a un animal contagiado supera fácilmente los USD 150.

El esquema ideal requiere cinco dosis fundamentales durante la etapa de cachorro, iniciando al mes y medio con la combinación Reconvitex T4 y continuando con refuerzos sucesivos de T6 y T8 cada 21 días, además de las dosis contra la rabia y la tos. Una vez alcanzada la adultez, este plan se reduce a tres aplicaciones anuales obligatorias.

Finalmente, la medico veterinaria hizo un llamado a la responsabilidad de la ciudadanía, derribando el mito de que los animales rescatados o regalados no requieren atención preventiva ya que la inmunización oportuna es la única opción para salvar sus vidas perrunas.