
La provincia de Loja vivió horas de extrema zozobra tras reportes de bombas en la Unidad Judicial Penal del cantón Loja y en un centro educativo de Catamayo. Aunque la policía descartó y afirmó que eran falsa alarma, la ciudadanía teme que se trate de una advertencia de grupos criminales.
Circunstancias
La tranquilidad característica de Loja se rompió abruptamente tras registrarse dos alertas consecutivas de artefactos explosivos en puntos estratégicos de la región.
El primer gran susto ocurrió la tarde del jueves 04 de junio de 2026, en pleno casco céntrico de la capital lojana, específicamente en la Unidad Penal y Tribunal de Garantías Penales (calles José Félix entre Sucre y 18 de Noviembre). El lugar fue evacuado por seguridad.
En horas de la mañana del viernes 05 de junio de 2026, el incidente se trasladó a Catamayo, donde una amenaza similar interrumpió las actividades de la Unidad Educativa Fiscomisional “Nuestra Señora del Rosario” desatando el pánico entre estudiantes y padres de familia, quienes llegaron al establecimiento para retirar a sus hijos.
A pesar del despliegue del personal policial y de las unidades especializadas que descartaron la presencia física de los explosivos en ambos sitios, el impacto psicológico ya está sembrado.
Las autoridades investigan el origen de las llamadas para dar con el paradero de los responsables.
Temor
La sospecha de que estas llamadas y movimientos no son simples “bromas de mal gusto”, sino una estrategia de medición de tiempos de respuesta por parte de bandas delictivas, gana fuerza entre los habitantes.
Mariana Espinoza, ciudadana que vive a escasos metros de la Unidad Judicial Penal, expresó a Diario Crónica que estaban descansando cuando escuchar un ruido fuerte en la calle y luego el sonido de las patrullas. “El miedo se apoderó de mí y también salí. Hoy fue un susto, pero ¿quién nos asegura que mañana no sea real y tengamos una desgracia que lamentar?”.
En cambio, Carlos Alvarado, padre de familia de Catamayo, añadió a Crónica que “llegar a la unidad educativa de mi hijo y ver patrullas, caos y madres llorando te desarma. Dicen que es una falsa alarma para calmar los ánimos, pero el miedo en nuestros hijos era evidente”.
Por su parte, Rosa Coello, también madre de familia, refirió que tras enterarse del suceso acudió de inmediato al colegio. “Fue un rato de desesperación porque no nos dejaban entrar, incluso tuvimos que ingresar a la fuerza. Creo que estas alertas simultáneas en dos cantones demuestran que hay una estructura detrás intentando desestabilizar o enviar un mensaje”.
Frente a este escenario, la ciudadanía exige de forma unánime que las autoridades no bajen la guardia y continúen ejecutando operaciones e investigando el origen de las llamadas que genera caos en la sociedad.(I).
Dos alertas de bombas se efectuaron en menos de 24 horas.
