Algo más que palabras: Nos asalta el temor; el terror nos espanta

Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor

corcoba@telefonica.net 

Con la ayuda de Radio María, en paz me acuesto y enseguida me duermo. A veces me temo a mí mismo, cuesta tanto percibirse como comprender a los demás, entender el llamamiento de la naturaleza como atender a la evocación del donarse y de no servirse de nadie. Ciertamente, el tiempo de ruta está bien claro, desvivirse por vivir como un poeta en guardia, que todo lo embellece y luego lo comparte y, además, lo simpatiza. La convivencia es la vivencia de un modo y una manera de vivir la libertad,  sin conveniencia. Cultivar la purgación y practicar el corazón, es un saludable propósito. Sin embargo, el pánico nos sobrecoge cada día, ante la imposición de intereses mundanos que nos dejan sin voz y nos niegan la dignidad, con la indecencia de la exclusión.

Moremos en la poesía que somos y despojémonos del poderío mundano que no somos. En cualquier caso, no impongamos nada y propongamos todos. Despojémonos de esos aires terroríficos que nacen del odio, que se sustentan en el desprecio hacia toda existencia y que son un verdadero crimen contra la humanidad. Por tanto, no basta reprimir los recelos, suspender las luchas, hay que tender a un aire conciliador que nos reconcilie los ánimos, dentro de las familias y de la sociedad.

La ciudadanía tiene que dejar de producir diente con diente para ofrecer pulso a pulso, la mejor de sus pausas, los latidos del alma e ir tejiendo lazos donde poder sembrar la semilla del verso, que se hará poema y limpiará todas las penas. Que nada nos turbe, ni tampoco nos espante, si sumamos fuerzas y secamos lágrimas. Ciertamente, nos merecemos otro mundo más hermanado, que reconozca esas madres que ya no pueden alimentar a sus hijos, o esas familias obligadas a abandonar sus pertenencias para huir de la violencia o esos niños privados de escuela desde hace años. Hay que salir de este abismo; y, el espíritu humanitario que todos llevamos consigo, debe estar ahí, en primera línea, manteniéndonos incorporados a la responsabilidad de la acción.