POR RUY FERNANDO HIDALGO MONTAÑO
Yo personalmente me planteo mucho esta pregunta y un cúmulo de cosas vienen a mi mente cosas, que nos mantienen adormitados frente a la lamentable situación que viven nuestra provincia y nuestro país en los actuales momentos. Es innegable el deterioro de la sociedad ecuatoriana en todos sus estratos la corrupción gana terreno cada vez más, y una gran mayoría guarda un silencio cómplice un silencio que unas veces está motivado por conveniencias personales o sectarias, otras ocasiones callan por no admitir que se equivocaron al consignar su voto por el actual gobierno que ha demostrado su ineficiencia ante los agudos problemas que aquejan a los sectores más vulnerables de nuestro pueblo, que, pese a los anuncios oficiales de que la pobreza ha decrecido como nunca antes, esto no se traduce a la realidad que vive la gente en su día a día.
Yo recuerdo que antes los ciudadanos se revelaban con vehemencia ante la injusticia, la pasividad actual no resiste comparación, esa pasividad se origina a mi criterio por varios factores como el miedo, el odio ciego y sin argumentos, la tecnología que nos ha vuelto insensibles al dolor de los demás. El miedo a opinar sobre los desaciertos del régimen, por más evidentes que sean por temor a ser tildados de correístas o partidarios de los GDO, el odio ciego a cierto personaje de la política ecuatoriana, que está por cumplir diez años fuera del poder, y se le siguen atribuyendo todos los errores y delitos de la patria, a pesar de que el actual mandatario aseguró en múltiples oportunidades no caer en esto y gobernar con equidad para propiciar una reconciliación nacional, en la práctica no ha cumplido para nada con este propósito fomentando más la polarización que ahora mismo se evidencia.
Hay gente que dice sin empacho alguno “¡Que gobierne cualquiera con tal que no vuelva Correa!” y lo peor de todo es que ese resentimiento lo trasladan a los recintos electorales sin detenerse a pensar que lo que está en juego es el destino de la tierra en la que nacimos. Otro segmento social se siente obligado a justificar y apoyar los errores del gobernante, bajo el torpe argumento de que presidentes anteriores hicieron lo mismo, lo que está mal lo está, venga de donde venga y no admite ninguna excusa.
La pregunta sigue viva ¿Qué nos hizo perder la capacidad de reacción? ¿El odio, el miedo o la comodidad?
