Luis Pineda
Nuevamente nos convocan a elegir a las autoridades seccionales. En otras palabras, a quienes van a dirigir los destinos de las provincias, los cantones y las parroquias.
La pregunta clave también se repite ¿cómo nos preparamos para elegir a las autoridades? Cuando vamos a realizar alguna actividad de tipo social, religioso, cívico, económico, etc., nos preparamos de acuerdo al tipo de actividad. Sin embargo, cuando vamos a realizar uno de los actos más importantes de la democracia, no nos preparamos. Será seguramente porque vamos a votar y no a elegir. Por ello tenemos las autoridades que tenemos en la actualidad.
Que razón tenía Simón Rodríguez, el Maestro de Simón Bolívar, al afirmar:
“Al que no sabe cualquiera lo engaña. Al que no tiene cualquiera lo compra…
Este soberano ni aprendió a mandar, ni manda… y el que manda a su nombre lo gobierna… lo domina… lo esclaviza… y lo inmola, a sus caprichos cuando es menester.”
Tenemos que estudiar, reflexionar, capacitarnos, pensar… para pasar de ir a dar el voto por una persona a elegir autoridades que nos representen.
¿Qué podemos hacer? No hay otra respuesta que: educación popular. Les presentamos una propuesta de educación popular. Dirán que es muy general con temas repetitivos, pues que cada grupo lo adapte a su realidad.
Objetivo general: realizar un proceso de educación popular, para a partir de un grupo aprender a ejercer la democracia y transformar la realidad.
Temática:
-Análisis de coyuntura.
-Historia de las luchas sociales: desde las primeras culturas indígenas hasta la actualidad.
-Historia del Ecuador: raíces culturales iniciales, invasiones, independencia, república.
-Historia de la democracia y los derechos humanos.
-Historia de las constituciones.
-Historia de los partidos y movimientos políticos.
-Teoría y praxis de las organizaciones sociales.
-Propuestas de modelos de desarrollo.
-Técnicas de enseñanza-aprendizaje: dinámicas de grupos, videos, canciones, poemas, textos.
Para el proceso de educación, Miguel Arredondo Jeldes, nos recomienda: “Es necesario superar los temores respecto a la politización de las comunidades, tratando a sus miembros como personas maduras. La riqueza del proyecto liberador se encuentra en la pluralidad de fuentes y vertientes filosóficas, prácticas y organizativas. Un rico tejido social, en base a organizaciones populares, es garantía central de una democracia donde el pueblo sea protagonista. Por último, una cultura de los derechos humanos debe constituirse en elemento fundamental de la democracia.”
