El cerebro lector como órgano socio-cultural desde la contemplación y la filosofía del lenguaje
Galo Guerrero-Jiménez
El cerebro humano, siendo un órgano personal, es, esencialmente, un órgano social; esto significa que se desarrolla y se fortalece en contacto con la colectividad; de ahí que, “por más exposición a pantallas que estemos experimentando, la compañía y el cuidado amoroso del prójimo seguirán siendo un deseo y una necesidad, por ende, aquellos con la capacidad de brindarlos serán personas sumamente valiosas” (Manes y Niro, 2021), que aporten a esa colectividad a la cual se deben, desde lo más granado y excelso de su cognición cerebral, de sus sentimientos y, por ende, de su formación personal axiológicamente asumida en ese contacto permanente con el prójimo a través de acciones pragmáticas, es decir, metalingüísticas y desde una filosofía estético-ética del lenguaje que hace factible su accionar en un contexto social, y desde una adecuada comunicación y comunión de palabras y acciones en cuyos significados cognitivos, el cerebro aparece fortalecido axiológicamente para actuar, puesto que, en esos contextos sociales, debidamente creados, “nuestro cerebro aprende fundamentalmente cuando algo nos motiva, nos inspira y nos parece un ejemplo. Esto nunca lo hará la tecnología por más avanzada que sea” (Manes y Niro) y expuesta en una pantalla.
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