Carta de un hijo a su madre soltera

Joffre Vera

Dentro de mí yace como base de mi vida, toda tu presencia. Es normal saber que tú eres mi adivina favorita, que con tan solo verme a los ojos comprendes mi mundo y si lo vez agonizante, me sonríes y abrazas llenando de esperanza mis caminos.

No pretendo expresarlo todo, porque sé bien que ya lo sabes. Pero también dentro mío yace mi mundo, el que me ayudaste a crearlo, el que me hiciste cuidarlo, ese mundo llamado “mi vida”. Conforme va pasando el tiempo mi mundo ha ido madurando, entendiendo que es ahora en donde debo expresarte mi gratitud. Después de todo me he puesto en tus zapatos y así voy entendiendo tu inmensidad de amor, pensé que ya conocía el gran amor que me tenías, pero como siempre, tú tienes la razón cuando me expresas “no sabes cuánto de amo”.

Sabes madre hermosa, como no agradecerte, si ahí en aquel día tan nefasto, cuando sola te encontrabas, cuando pudiste tomar el camino más fácil y deshacerte de mí, cuando pudiste buscar otro hogar y abandonarme, cuando pudiste dejarme por la calle y huir, tomaste en tu inmadura edad la tarea divina de ser madre y me enseñaste el valor de la vida, la generosidad del amor y la grandeza que hoy profesa mi alma. Gracias madre por ser única, por ser tan de coraje, tan de guerra, gracias por darme tanto amor, tanto amor que podría decir que de tanto que me amas, yo puedo amar a los demás.

Por enfrentarte al mundo sola, sin miedo, sin pensar más que en mí, es que tú siempre serás mi ejemplo más hermoso de valentía. Nueve meses en tu vientre, los primeros tal vez no te convencía, pero cada día que pasaba, con mi patadita, con mis movimientos, sé que me sentías. El desánimo y la debilidad se fueron convirtiendo en fuerza y esperanza, esperando que yo nazca para contarme todas tus ilusiones, aquellos sueños madre hermosa, que yo los voy cumpliendo para ti.

Por último madre quiero decirte que me siento orgulloso de ti, tus lágrimas crearon en mí, el camino de mis quimeras, lágrimas que brotaban confundiéndose con tu felicidad por tenerme y la soledad con la que creías que me ibas a criar. Pero mira madre mía como el tiempo ha pasado, como ahora soy yo el que llora, mis lágrimas salen de mis ojos, pero de felicidad, por tener una madre como tú. Porque te amo madre linda. Dejaste tus sueños para que yo soñara, dejaste tu vida para que yo viviera, dejaste tu felicidad por la mía.

Dentro de mi hay fuego y es la antorcha que me guía por la vida, jamás se apagará, porque quien la encendió fue mi madre y solo me muestra el camino de la verdad, el camino que siempre me llevará a la felicidad.