Ser humano o persona

Vicente Paúl Maldonado Quezada

Hoy está claro que el debate sobre el ser humano se mantiene abierto y las cuestiones sobre su naturaleza y atributos no están resueltas. Sabemos que el ser humano es un ser físico y biológico, social y cultural, racional a veces, más irracional en otras, libre en algunos sentidos, sometido en otros. Un ser que, para algunos pensadores, es una unidad sustancial, y, para otros, una dualidad cuerpo-alma. Se trata de la relación entre los conceptos de «ser humano» y «persona». ¿Son equivalentes? ¿Puede haber personas que no sean humanas? ¿Puede haber humanos que no sean personas?

Sabemos por la ciencia que todos los seres humanos compartimos la misma naturaleza. La naturaleza humana es el genoma humano, idéntico en todos nosotros en el 99,9%. El uno por mil de diferencia genética nos distingue a unos de otros, y hace que seamos hombres o mujeres, calvos o peludos, rápidos o lentos, esto no es una hipótesis, sino una verdad científica, y puede aplicarse a todos los individuos de nuestra especie que han habitado en este planeta y a todos los que vengan después de nosotros, mientras los cromosomas de sus células contengan la misma información genética que contienen los nuestros.

Hay otra manera de decirlo, quizá más intuitiva y directa, el ser humano es todo aquel individuo que ha nacido de padres humanos. Todos nosotros hemos sido engendrados por una pareja de humanos, macho y hembra, y por esa razón somos humanos, al margen de que seamos altos o bajos, más o menos sociables, inteligentes, bondadosos o malvados. Así pues, el concepto de ser humano es un concepto biológico: somos humanos por una simple razón genética. Hemos nacido humanos y eso nos constituye. Sin embargo, el criterio biológico resulta insuficiente para muchos pensadores, que ven en el ser humano algo que trasciende la naturaleza, que va más allá del mundo natural. A diferencia del resto de seres naturales, el ser humano puede tener conciencia de sí mismo, capacidad de pensar y actuar con libertad, este conjunto de facultades son las que configuran a la persona como algo distinto de los animales y del resto de seres del mundo natural.

A diferencia del concepto biológico de ser humano, el concepto de persona es un concepto cultural. Se nace humano y se llega a ser persona. Por el camino, el individuo tendrá que adquirir las habilidades y comportamientos propios de la persona, que fundamentalmente son: la conciencia de sí mismo, la racionalidad y el sentido del bien y del mal. La persona es, pues, un individuo humano, pero considerado como sujeto autoconsciente, racional y moral.

Cada uno de nosotros es una persona en construcción, ya que la condición de persona no se hereda, sino que se realiza a través de la acción y el contacto con los demás. Somos personas, porque los otros nos reconocen como tales y, a la vez, nosotros les reconocemos a ellos, a medida que vamos adoptando los comportamientos característicos de la persona. Desde este punto de vista, la persona sería un producto social, resultado de la vida en común con los otros humanos, de la convivencia y el aprendizaje.

La noción de persona arranca del filósofo Boecio (480-524) que, al inicio de la edad media, definió la persona humana como sustancia individual de naturaleza racional. Pero debemos a Inmanuel Kant (siglo XVIII) el sentido filosófico moderno del término «persona». Para Kant, la persona humana es un agente racional y moral, tal como escribe en su «Fundamentación de la metafísica de las costumbres» (1785). Si Boecio destacaba la naturaleza racional e individual de la persona, Kant subraya su capacidad moral y, por ende, su autonomía. Y la autonomía de un ser racional y moral es el fundamento de su dignidad. La dignidad es el valor que tiene toda persona por el solo hecho de ser persona. Esto hace que el valor de toda persona sea absoluto, esto es, un valor en sí mismo. Según Kant, la categoría de persona convierte al ser humano en un fin en sí mismo, es decir, en alguien que no puede ser usado como medio para obtener otro fin, y que, por lo tanto, merece todo respeto y reconocimiento.

Llegados aquí, la pregunta más interesante que podemos plantearnos es si todos los seres humanos son persona. La respuesta, como casi siempre en filosofía, depende de lo que entendamos por «persona». 

Para ser persona hay que ser humano; y para ser humano hay que ser persona (Pool Men). (O).