La oscuridad

Si nosotros experimentamos oscuridad, en lo que conocemos por noche, es por la posición del planeta frente al sol.  Mas no, porque no vivamos en la luz.  Así, cuando la tierra se acomoda, el sol vuelve más insolente.

El humano puede también experimentar la oscuridad relativa, dependiendo de la posición personal frente a la luz.  Desde épocas de la prehistoria, el hombre por decisión propia generó su oscuridad a través de internarse en las cuevas. Aunque de la luz no huía, fue su forma de obtener refugio ante otros peligros. Las cosas no han cambiado con los siglos. Demasiado símil a lo que vivimos en este tiempo de pandemia.

El humano de hoy, ante el inminente peligro del virus asesino, se ha internado en aislamiento voluntario, eligiendo la sombra de la cuarentena. Estamos en la cueva, aunque las sombras de hoy no sean tan oscuras como las de la prehistoria. El virus nos ha demostrado cuan frágiles son nuestras certezas.

No es difícil regresar a ver y comprender que estábamos acostumbrados a pensar que lo más importante estaba afuera, en el trabajo, los negocios, las relaciones sociales y otros aspectos de nuestra forma de vivir.  Nunca adentro, bajo sombra.  Estas circunstancias nos obligan a repensar las cosas. La luz esencial para la vida es un gran motor de existencia,  pero las sombras, también.

Entonces, la oscuridad cobra valor, es decir, la oscuridad relativa, es necesaria para que el cerebro descanse a través del sueño y el mundo cese. De la luz no renegamos, pero la sombra es un buen refugio y aliado. 

En este escenario de acontecimientos, se hace necesario entender la oscuridad como metáfora. No sería sano, pensar que en tiempos en los que se ha puesto a tambalear una serie de conceptos sociales construidos a base de experiencia, aprovechemos las sombras para sacar lo más oscuro. 

Este tiempo, ciertamente gris, debe servir para echar luz a otras formas de pensar, valorar y comprender la existencia.  Lo peligroso del virus es que fomente metafóricamente otros virus, y naturalice  actitudes extremas de subsistencia.

Ante esto, hay que cuidarse del peligro de la ignorancia, el miedo a la muerte puede hacernos soltar la prioridad que damos a la educación y no solo eso, en la cueva es difícil que el proceso educativo llegue con igualdad y didáctica.

Entonces, la oscuridad nos da espacio para repensar la luz. La mariposa estando demasiado cerca de la flor, no la reconoce. Estábamos demasiado cerca de la luz para asimilarla. El instante más oscuro del amanecer es el más esencial para la claridad del nuevo día.