Semáforo amarillo hacia la nueva normalidad

Santiago Armijos Valdivieso

El COE cantonal de Loja resolvió mantener su decisión de cambiar a semáforo amarillo para enfrentar la pandemia del COVID-19 y dar oxígeno a la actividad económica, a pesar de las preocupaciones sanitarias y de capacidad hospitalaria señaladas por el COE provincial. Esperemos que la decisión sea la más acertada y que bajo el entendido de no estar escrita en piedra pueda ser revisada cada vez que la situación lo amerite; de no ser así, las consecuencias serían muy graves.

A ese contexto se suma el hecho de que nuestra ciudad, al igual que otras de Ecuador, ha dado pasos hacia la nueva normalidad desde inicios de esta semana. Las notarías atienden previa cita. Se ha restablecido la atención en los registros de la propiedad y mercantil. Los expendedores de alimentos disponen de horarios más amplios para entregas a domicilio. La Función Judicial ha reactivado sus labores a puerta cerrada, pero con ventanillas para recepción de escritos. Y, aunque se espera que con el pasar de los días se sigan reactivando otras actividades, debemos tener claro que nada será igual a lo que conocimos, dados los drásticos cambios que hemos experimentado en los últimos meses.

Por ello, a continuación, intentaré vislumbrar el rostro de las actividades más usuales en la nueva normalidad que en muchos casos será similar a la que hemos experimentado en el confinamiento.

Empiezo con decir que seremos temerosos de las aglomeraciones, extremaremos cuidados sanitarios en todos los espacios a los que debamos asistir y la mascarilla junto a sustancias desinfectantes nos acompañará a todas partes.

El internet será un servicio prioritario, tanto como el agua potable o la luz eléctrica, porque de no tenerlo, quedaremos aislados del mundo y limitados en el quehacer cotidiano.

Nuestro consentimiento a un contrato, a una escritura pública, a una declaración o a un servicio, lo expresaremos mediante firma electrónica que la podremos utilizar desde la comodidad de nuestra casa o de cualquier sitio del planeta.

Si antes ya lo hacíamos, ahora leeremos con mayor frecuencia las noticias en luminosas pantallas de teléfonos celulares, tablets o computadores, en las que los periódicos digitales publicarán varias ediciones actualizadas en el mismo día; los tirajes de periódicos impresos serán mínimos y quedarán para regocijo de unos pocos que se resisten a dejar el papel.

Las herramientas telemáticas seguirán siendo utilizadas para la realización de actos sociales, juntas societarias, eventos públicos y hasta para divulgar espectáculos deportivos; no solo para evitar gentío sino con el propósito de disminuir costos.

La educación en todos los niveles será impartida mayoritariamente en forma virtual; la que se ofrezca en forma presencial generará precios mayores y ello será determinante a la hora de escoger la modalidad.

La tramitología en dependencias públicas, en entidades financieras y en muchas otras empresas comerciales y de servicios, serán atendidas en avanzadas plataformas informáticas. Muchos trabajadores cumplirán jornadas laborales desde casa.

El transporte urbano, llámese buses, taxis o camionetas de alquiler,  tendrá menos demanda de pasajeros, y para prestarlo, las empresas de transporte deberán desinfectar con esmero sus unidades e implementar el cobro electrónico de pasajes.

La circulación física de monedas y billetes, dada la carga de microbios y bacterias que contienen, disminuirá, para ser superada por las transferencias digitales de dinero.

En fin, ya nada será igual a causa de esta pandemia que con el hierro incandescente del terror ha marcado un antes y un después a nuestra existencia.