La remuneración de estar vivo

Ruy Fernando Hidalgo Montaño

Escribo estas líneas mientras fuera de mi habitación, hace un frío terrible. Como ya es frecuente en Loja en lo que va de estos días en los que las bajas temperaturas han sido la constante. Y en medio de esta sensación térmica muy baja, me puse a pensar, en las remuneraciones que te ofrece la vida mientras tenemos el privilegio de tenerla. Y justamente ese frío, y ese tiritar eran parte de aquella ventaja de sentirnos, de estar presentes en este mundo sabiéndonos parte integrante de él, formando parte activa de la raza humana, resulta grato experimentar consiente y valorativamente, la maravillosa experiencia de permanecer aún aquí con todo lo que ello significa. En esta época de inmensa incertidumbre que nos ha deparado nuestro destino, producto de esta pandemia, en que no sabes cuándo te acuestas, si a la mañana siguiente todo tu entorno estará bien. Con los encantos y también con los desencantos. Con lo que conlleva existir.

En todas las tareas que emprendemos procuramos siempre que nuestra remuneración sea lo más alta posible, claro todo esto en el plano material, pero el sentirnos vivos nos plantea otro tipo de recompensa intangible que por lo general casi nunca estamos capacitados para reconocer y darle el valor adecuado, ¡Somos tan limitados! Que muchas veces grandes detalles pasan desapercibidos ante nuestras narices. Le hacemos poco o ningún caso a divisar un amanecer cuando nos asalta por nuestra ventana, solo tenemos tiempo para preparar lo que serán nuestras actividades rutinarias del día, y nos importa un pepino que la vida despliegue toda su magia representada en esa sinfonía de colores, luces y trinar de miles de aves que acuden a embellecer el panorama que habitamos. Más nos importa consumir desesperadamente todo lo que el dinero puede comprar, desdeñamos lo esencial, tristemente hay algunos que llegan al final de sus días y les toca decir, que la vida pasó ante ellos pero que no se dieron cuenta, porque estaban ocupados acumulando dinero, poder y títulos con que satisfacer al sistema preestablecido de una sociedad consumista y hedonista como la actual, en la que si quieres intentar hacer o comportarte de manera distinta, eres tildado de loco, en la que todo está perfecto mientras sigas el rumbo por donde va la manada.
Pero la vida le paga a cada cual su remuneración merecida. El artista que solo busca reconocimientos materiales no pasará de tener una chequera muy gruesa y nada más. En cambio, el artista que busca que su arte se impregne en el corazón de los demás, logrará permanecer en la memoria de su pueblo por siempre.

¿A quién recordará más la gente? ¿A los que se sirvieron de la política? ¿O a los que sirvieron por medio de la política? Seguramente a los segundos ¿Verdad?
Entonces debemos hacer cosas pensando en que al final somos consecuencia en algunos aspectos de nuestros actos sean buenos o malos. Si conseguí que alguno de ustedes medite un poco sobre la gran remuneración imperceptible que representa estar y sentirse vivo, me siento satisfecho, así que de ahora en adelante no reneguemos tanto por calor o frio, disfrutemos de los buenos instantes, como comer, dormir en paz, despertar con los seres amados a nuestro lado, hacer el amor. Pues todo eso son gajes del oficio de esta vida, que privilegiadamente aún tenemos.