La horrenda canallada contra el Dr. Arsenio Vivanco Neira

César Correa

El Partido Conservador tenía un formidable equipo para la difusión de rumores falsos.

Lo constaté en 1979, cuando encontré que a todas las casas del área rural que visité para solicitar el voto para Jaime Roldós, habían llegado elementos conservadores a convencer a los campesinos de que con el presidente de CFP llegaba el comunismo al Ecuador y, en consecuencia, les iban a quitar sus tierras, sus ganados, sus hijos, sus carros a los que los tenían; que se iba a matar a los curas y quemar las iglesias. Ya en ese tiempo muchos campesinos estaban curados de los cuentos de los hacendados, apoyaban con entusiasmo a Roldós y estaban optimistas, pero había un gran número de cándidos agricultores que estaban aterrorizados, temblando por la pesadilla que se aproximaba. Los rumores falsos y las canalladas no son “técnicas” de nuestros días, son recursos políticos que vienen de siglos pasados, que sirvieron para que el pueblo de Quito arrastrara a Eloy Alfaro o para birlarle la Presidencia a alguien tildándolo de peruano, o para amargarle la vida a Matilde Hidalgo.

A mediados del siglo XX en el Ecuador aún era acentuada la enemistad a muerte entre conservadores (representantes de la derecha y de Dios) y liberales (que figuraban como de izquierda, masones y ateos). Esa enemistad era hereditaria, en cada localidad había familias conservadoras y liberales que se odiaban mutuamente por generaciones enteras sin posibilidad de reconciliación, que se metían bala y mataban en cada campaña electoral

En ese ambiente, en 1961, se hizo circular el rumor de que el Dr. Arsenio Vivanco Neira, máximo líder liberal de Loja, tenía lepra y que estaba robando niños para matarlos y beberse su sangre. El pánico que se apoderó de la gente, especialmente de las madres que tenían hijos de pocos años de edad fue terrible, peor que el miedo que hoy nos infunde el COVID-19. Para empeorar las cosas, coincidentemente se produjeron problemas en la dotación de energía eléctrica y en las noches la ciudad permanecía en completas tinieblas, que hacían más tenebrosa la situación.

Aunque ninguna madre salió a reclamar por algún infante perdido, se llegó a un estado de histeria tal, que la ciudad estuvo en riesgo de que en cualquier momento se produjera un levantamiento que sitiara la casa del Dr. Vivanco y la quemara con sus dueños dentro.

Por suerte los ánimos se fueron calmando poco a poco, hasta que se desvaneció el miedo y terminó el peligro. Ventajosamente el avance de la conciencia social ha hecho que las canalladas vayan perdiendo efecto en todo el país. Los medios de comunicación y los dirigentes de la burguesía han ido gastando su credibilidad progresivamente, de suerte que son minoría los inocentes que creen el cuento de que el Ecuador va camino a convertirse en otra Cuba o en otra Venezuela, o que Rafael Correa se robó 70.000 millones de dólares. Son canalladas inventadas por los explotadores y aunque repetidas miles de veces por todos los medios, no han logrado ni lograrán torcer la voluntad popular de salir del neoliberalismo. (O)